Mostrando entradas con la etiqueta contradicción mía de mi persona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta contradicción mía de mi persona. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de diciembre de 2010

A Dios.

No fue hasta una edad relativamente temprana (ocho años) que me enteré que el nacimiento de Cristo no había sido un venticinco de diciembre, sino que se había adoptado tal fecha por conveniencia: coincidía con el solsticio de invierno y un número importante de fiestas 'paganas'.

Sin embargo el cuento de la Navidad me parecía hermoso. El arquetipo del Dios que se hace hombre me fascina, y mucho más lo que lo haga en condiciones paupérrimas, como la mayoría de las personas del mundo, lejos de los lujos y el poder. Que hubiera sido en una noche fría y sin refugio. Que los astros lo señalaran. Que los sabios lo adoraran.

Nací en una familia católica y casi toda mi vida lo fui. Niña demasiado enfermiza, la anhelada salud pareció provenir de manos de un homeópata que también era sacerdote y cuyo consultorio -siempre rebosante de pacientes- estaba en un edificio mamón de la avenida de Baja California. No sé si me curé porque mis padres dejaron de cuidarme tanto al confiar en semejante ángel de bata blanca o porque de alguna manera a mis ocho años la fe aún era tan poderosa en mí que logré convencerme de que algo místico tenía lugar cuando visitaba a ese doctor y de la misma manera mi sistema inmunológico lo reflejaba. O simplemente crecí y me volví más fuerte. Mis padres sin embargo siguen creyendo que fue Dios mismo a través de las manos de ese hombre quien me mandó la ansiada salud, sí, a mí y no a otra niña mas agonizante y con menos recursos, sí, a mí por sobre todas las niñitas de ocho años que murieron en aquellos días en hospitales, sí, Dios mismo me salvó a mí. La última vez que vi a ese sacerdote, mi madre le contaba orgullosamente que estaba cercana a hacer la primera comunión y era el evento que me tenía en un hito desde hace meses, que era la mejor estudiante del catecismo, que no pensaba en otra cosa que no fuera el bendito día en que comiera el cuerpo de Cristo. Y no mentía. Pero la mañana de aquel ocho de diciembre cuando íbamos hacia la Iglesia de la Sagrada Familia, algo que nunca se me había ocurrido comenzó a concebirse en mi infantil cabezota "¿Y si Dios no existe?". No era necesariamente una casualidad, por esos días en la escuela el maestro Carlos nos había hablado del Bing Bang (obviamente fuera de todo programa de estudios de la SEP), sembrando para siempre el vértigo que continuamente me asombra: el de todo aquello que la ciencia no ha logrado descifrar. Así que hice mi primera comunión muy asustada y llena de dudas.

Vértigo, eso es lo que sentía frecuentemente y por eso me aferraba a las durísimas sogas de la religión. El único consuelo que encontré a la fría objetividad de la ciencia fue el cristianismo. A enfrentar el hecho de que todos vamos a morir y estamos consientes de ello, que no existe nada para evitarlo. Que el paisaje celestial poco tiene de divino. Que tal vez poco tenemos de especiales o planeados.

Mi alejamiento de la religión católica fue provocado por los mismos practicantes. Es difícil distinguir si lo que hacen es por miedo o por deseo de colocarse en un escalafón moral más alto, uno desde el cual puedan criticar sin miramientos a todos los demás. Escalón más alto = más cerca de Dios = mi vida es mejor y todo lo bueno que me sucede es prueba de su amor por mí, criatura elegida entre millones. No es extraño encontrar a gente rica y bien educada en las filas de la Iglesia, estar con Dios parece darles luz verde para actuar incluso de manera mezquina ya que "los caminos del señor son misteriosos", a la vez que creerse bendecidos por la fuerza suprema los inviste aún de más poder. Y cuando uno se cree invencible en efecto resulta más fácil serlo. Como la frase que me inspiró el imbécil de Diego Fernández de Cevallos cuando proclamó luego de su liberación "Estoy bien y fuerte gracias a Dios":

No entiendo qué le hace pensar a los religiosos que son los consentidos de Dios. Si ése Dios es el que existe, yo no quiero saber de él.

Bajo tal aserción Dios no debe querer tanto a otros miles que perecen en secuestros, y ni que decir de las millones de tragedias que ocurren diario en el mundo a creyentes, agnósticos y ateos por igual.

El otro extremo, el de los pobres, me causa muchísima más rabia. Ser religiosos los sumerge en la ignominia y el conformismo de que en la otra vida sí serán recompensados. Ni falta hace ahondar en este apartado que todos conocemos y odiamos.

Entonces, la mayoría de los ateos que conozco provienen de la saludable clase media. La denostada clase media, la 'no me gusta admitir que pertenezco a ella' clase media. El recinto de la congruencia humana.

Platico con mi sobrina de nueve años y me pregunta si no estoy emocionada porque hoy es noche buena y llega Santa Clós. Para mí dejar de creer en Dios es comparable al día en que descubrí juguetes escondidos en casa comprendiendo que lo que todos decían en la escuela era cierto, que ni Santa Clós ni los Reyes eran reales. Esos juguetes caros sí afectaban el bolsillo familiar, los niños ricos no importando lo mal que se porten tendrán mejores regalos, la ecuación contraria sigue siendo la de los pobres. No hay unos vigías celestiales que me quieren y se preocupan por mi comportamiento, no hay premios ni castigos, sólo el amor de las personas que me trajeron al mundo y se angustian por seguir montando el show que me quita el sueño el veinticuatro de diciembre y el cinco de enero, que me hace escribir hermosas cartas decoradas y suplicantes, que me mantiene con la esperanza de que lo bueno que hago será recompensado con aquello que tanto deseo. Esa ilusión que los adultos les obsequiamos a los niños es un cinturón de seguridad para no arrojarlos al vacío de la injusta vida humana, pero también es un regalo para nosotros mismos y nuestra realidad carente de fantasía. Desearía todavía tener alguna. Ser ateo es un poco triste, era más fácil achacarle, pedirle, confiarle, suplicarle, tenerle fe a alguien más que no soy yo y mis reducidas capacidades de adulta contemporánea de principios del siglo XXI.


Jesús,

Quisiera decir que te extraño, pero no es así. Ya no te imagino como un consuelo o confesor. El mundo que deseabas es una utopía que me gustaría ver realizada. Pero ése es el problema de las utopías, su irrealización y aparentemente la tuya se volvió el opuesto, una especie de distopía bastante concreta. Sé que es tan probable como improbable tu existencia. Que de haber tenido lugar, tu biografía ha sido más manoseada que la constitución mexicana y que la Iglesia que fundaste tiene más de que avergonzarse que de enorgullecerse, asquerosa partida de asesinos y estafadores que nada tienen que ver con los pasajes más lúcidos de los evangelios que inspiraste. Esas parábolas sí las guardo en mi memoria con cariño y son enseñanzas de vida que intento reproducir pero sin afanes compensatorios (sino, qué chiste). La Navidad ya no es lo mismo desde que dejé de creer en ti, soy un poco menos feliz pero creo ser más fuerte. Y sensata.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El amor de mis amores.

Como sucede a veces con algunos amores, puede ser difícil entender porqué te amo. Cuando hace poco una amiga cuestionó mi adoración tan sólo por la capital, reflejada en mi pseudónimo bloguero, no pude sino explicar que era tan simple e inocente como el amor de El Principito a su Rosa: la amo porque es mía. México, yo te amo por ser mío. "Si yo conozco el cielo es por tu cielo, Si conozco el dolor es por tus lágrimas, Que están en mí aprendiendo a ser lloradas.", dice el poema dedicado a ti que más me gusta.

Quiero darte un corporeidad imposible, ente intangible de mi patria. Muchas de mis alegrías son transitorias y modeladas con la materia de las ilusiones, como lo han sido las tuyas. La muerte y su cúmulo de miedos y dudas también me atormenta como a los primeros mesoamericanos. Eres tan contradictorio, tan vasto y tan complejo que es imposible definirte. Solemos, ambos, autoboicotearnos.

Leo poesía náhuatl sorprendiéndome de lo melancólica que es, de que el tema de preocupación principal es la fugacidad de la vida y la incertidumbre de la muerte, de una melancolía muy vecina de la tristeza. Sin embargo nos educan con el arquetipo del mexica festivo, alegre y bailador. ¿Ves? desde entonces había un claro conflicto.

A sabiendas de que no se cumplen doscientos años de independencia (esos serán en 2021), sin duda alguna los insurgentes tenían incalculablemente más valores, ideales e integridad que cualquier político mexicano de la actualidad. Insurrectos excesivos para casi todo, como caballos que se desbocan después del encierro sin sopesar consecuencias, ingénuos, casi incorrompibles. Si estaban buscando lo que hoy llamamos "el hueso", al menos pusieron toda la carne al asador, se jugaban la vida, no los podré ver como los panzones demagogos y miedosos que ensucian el Congreso de la Unión. El gobierno de Felipe Calderón, iniciado en la controversia de un fraude y ahora empapado de sangre, es el peor marco para esta celebración. Un país se construye de mitos, de rituales y de tradiciones ¿En qué pinche imaginación escasa se desea la exclusión de eso?. Quisiera pedirte perdón por todos aquellos que te pinchean, putean y mierdean por lo que hacen tus habitantes. Al menos yo tengo muy clara la frontera entre "México" y "mexicanos culeros". Rendirle homenaje a hombres encumbrados -tal vez algunos de forma dudosa- en héroes, no debería se irritante. Bajo el cinismo del siglo XXI, las empresas de estos hombres sólo podrían ser comparadas con las acciones de ciudadanos como Esteban Cervantes Barrera, el hombre que en Balderas enfrentó sin titubeos al desequilibrado que disparó contra la gente a quemarropa. O Francisco Manuel Villaescusa, el joven chihuahuense que estrelló su camioneta y entró a rescatar niños en una de las tragedias que mayor vergüenza nos provocan.

Yo también estoy harta de las injusticias, pero estoy más cansada de la queja estéril. Tengo que vivir con la idea de que no puedo hacer nada por cambiarte y no quiero caer en el cliché de "unidos podremos lograrlo" VS "los mexicanos son apáticos", ésa también es una discusión perenne y vana ¿Cómo carajos ser participativos cuando parece que todo aquello que emprendemos juntos parece destinado al colosal fracaso? ¿Cómo sentirnos libres de festejar el nacimiento de la idea de Nación independiente en un año cómo éste?: el año que más me ha dolido leer un periódico, el año que he sobrepasado varias veces mi capacidad de asombro ¿Cómo? ¿Cómo no sentirnos culpables de expresar alegría si nos rodean barbaridades? siendo expertos en la autoflagelación y embarrados aún de la moral católica, la penitencia parece lo único admisible en tal entorno. Tú deberías merecer el mejor de los pueblos, la más basta de las celebraciones. Trabajo porque los sinónimos de identidad mexicana sean equidad y tolerancia, tan lejanas aún.


Yo sí quiero festejarte, lo he hecho cada año y entiendo qué molesta tanto de esta vez. A mí no me engañan con que es el gasto, por gastos más estúpidos se han quedado callados. Tampoco me trago que es por la mercadotecnia abrumadora, pasa lo mismo con todas las fechas importantes del año. La realidad es que no podemos, no creemos merecernos nada: Lo mexicano es chafa. He ahí al puto favorito de la desgracia. La violencia en la que está sumida nuestra sociedad parece que regocija a cierto sector ávido de masoquismo y derrota. Me es difícil entender que en mi país, algunos de mis compatriotas parecen regodearse en la mediocridad. Y sin embargo también tienen una faceta claramente opuesta.

Un extranjero me dijo cuando estaba en Europa "ustedes son los seres que más sufren al estar lejos de su país. Extrañan demasiado su comida, a su familia y todo lo que tenga que ver con su nación". Yo, por ejemplo. En Francia me sentía disminuida al no poder traducir mis mexicanismos, con una personalidad un tanto frustrada sin hablar español.

México, eres como un veinteañero, uno muy deprimido y en plena crisis. Ninguna alternativa te satisface, quieres escapar de ti mismo. Te hundes sin rumbo. Y tal vez para olvidarlo todo, te empedarás en tu cumpleaños doscientos. Te haré compañía.

jueves, 17 de junio de 2010

¡Gol, gol, gol!

Durante la segunda mitad de mi vida me había sentido muy culpable de que me gustara el futbol. Lo negaba tres veces antes de la llegada de cada alba. Desde el mundial de México en 1986 conozco y disfruto profundamente un partido, pero comencé a ocultarlo cuando cursé la preparatoria. Las razones que me llevaron a tal escamoteo no son extrañas, la más importante es la descalificación intelectual hacia los fanáticos del futbol: "ignorantes", "enajenados", "nacos". Sé a qué se deben los aberrantes motes, cualquier actividad o creación humana que alcance popularidad los obtiene, es en su aparente y malentendida sencillez, donde radica el por muchos odiado encanto de su universalidad. Por eso es el "Juego del hombre", por eso es el espectáculo deportivo que consigue superar a los Juegos Olímpicos.

Intuyo que mucho de esto no es sino muestra de la frustación y la poca tolerancia a la felicidad comunal. En el caso específico del futbol y más contundentemente de un mundial, creo que es porque no nos permitimos disfrutar de algo cuando nos invade la desgracia, ¿cómo festejar y gozar de un Mundial de futbol si el país está que se lo lleva la chingada?, ¿cómo sonreír si nos arrastra el atraso económico?. Yo creo que es precisamente por eso que debemos saborearlo más. La moralina que percibo durante estos días me corroe el ánimo, ¿por qué no podemos abstraernos un mes de las preocupaciones? ¿por qué sentirnos culpables por disfrutar un espectáculo tan magnificente como una competencia deportiva?. Con toda probabilidad la gente que está interesada en las noticias lo seguirá estando y a quienes siempre les importa un carajo qué pasa en México les seguirá valiendo madres. La ignorancia de un país no se debe a su afición futbolera, son palabras que me fascinaría tatuar en la frente de quienes le acusan por la estupidez de millones.

El futbol es LA catarsis, pero déjenme recordar una anécdota para explicarme mejor. Futbol, el paliativo que todos necesitamos:

Era 1998, acababa de terminar el mundial de Futbol de Francia, uno de los que más he disfrutado. Tenía todo el verano de vacaciones y vi todos los partidos, aquella selección nacional había levantado muchas expectativas -cuando no- y la recuerdo hasta con cierto aprecio, ese empate en los últimos agónicos minutos contra Holanda, ese gol con Cuauhtemiña contra Corea del Sur, la triste y un tanto injusta derrota ante Alemania (es que "jugamos como nunca y perdimos como siempre"). Pero ya era noviembre y estaba en quinto de prepa. Teníamos una clase que nos mataba de miedo y a la vez fue la que más disfrutamos: Historia de México, nuestra profesora era tan estricta como genial. El primer exámen parcial fue lo más temido en nuestras adolescentes vidas, no se trataba de respuestas de opción múltiple o breves y explícitas, la idea era desarrollar y exponer la mayor cantidad de factores y circunstancias posibles entorno a los puntos que el exámen exigía sobre el México colonial. Fue la primera vez que leí tantos libros distintos para un parcial y la primera vez que para necesité tres hojas por ambos lados para responder. Fue un jueves cuando la profesora nos dio los resultados de la prueba, mi sensación de alivio y alegría era suprema pues había sacado un nueve y mis demás amigos también tenían excelentes notas, pensándolo bien no fue tan sorpresivo, después de todo éramos asquerosamente ñoños.
Tanto fue nuestro entusiasmo que aunque era la última clase del día nos quedamos en las jardineras del patio de quinto a taruguear. De pronto el tarugueo se transformó en el juego idiota de corretearnos con una botella de plástico y empaparnos, lo que llevó a que nos quedáramos con una botella vacía y aplastada. De pronto alguien la pateó. Luego otro. Luego yo. Instantes después ya estábamos en plena cascarita, Erandi y Shanti de porteras, creo que yo de defensa, Ciro y Alejandro delanteros, Mario de algo que no podía asegurar, defensa, centro, delantero, lo que sea. Seguramente se marcaron goles que festejamos como si fueran el momento de felicidad definitiva de nuestras vidas.
Pero la diversión se acabaría en poco tiempo. Un amargado prefecto apareció de pronto y nos pidió las credenciales. Tengo que ser incisiva en este punto: eran las dos de la tarde y ningún grupo tenía clase, la preparatoria estaba casi vacía y el turno vespertino aún no llegaba. Accedimos a entregárselas y en ese momento nos dijo las palabras más temidas por cualquier estudiante del globo "acompáñenme a la dirección" -chingadamadreyavalimos-. Sin duda una acción desmedida para nuestro inocente juego.

Al llegar a su oficina, la directora también resultó más ruda de lo debido; no éramos porros, teníamos aún cara de pubertos consumidos por la nerdez, hasta estábamos en el grupo de excelencia académica... lo peor vino cuando nos pidió la pelota (el castigo para los que jugaran cerca de los salones era la confiscación del balón) y Mario, en un acto de valentía, tozudez y burla, le entregó en mano y con malévola sonrisa, la botella sucia y apachurrada "pues es ésta, tenga usted". Aún recuerdo los ojos de la Fuster casi desorbitándose por la osadía de mi amigo. Lo que prosiguió fueron gritos y regaños de la directora, amenazas exageradas, una cita con nuestros padres el lunes a primera hora, una angustia que yo no había experimentado en toda la vida y a la vez la consolidación del que sería mi fabuloso grupo de amigos de quinto de prepa. La estúpida desgracia nos unió ante el inmerecido castigo por nuestro festejo.

Ahora con el Mundial de Sudáfrica exhibo sin inhibición mi afición. No sólo al futbol sino también a los clichés nacionales y al deporte como sustituto de las guerras. Aunque este evento parezca decepcionar al contar más empates con pocos tantos que golizas majestuosas, ya está empezando a dar sorpresas bastante agradables como el partido de España - Suiza. Me alegré y sentí como venganza propia la derrota del equipo español, pero el porqué de ello es tema de otro post. Jordy dice que una selección de futbol no tiene porqué reflejar la idiosincrasia de un pueblo y yo difiero con todo y los 43657 ejemplos que él me dio. Me basta con ver lo sacatones que son los futbolistas mexicanos ante los grandes equipos, la extraña mezcla de pesimismo y esperanza de sus aficionados, el "yameritismo" que nos caracteriza como nación está ahí, en una cancha de futbol cada cuatro años. Es heredado, viene de España. Mi fervor regresó también gracias a tres grandes tipos que conocí por este blog: Emilio, Jorge y Carlos. Grandes cabezas, grandes aficionados, es una lástima que con los dos primeros no pueda ni compartir la emoción de un partido.

Como bien expresó Renato el otro día, lo maravilloso de ver un mundial es observar la mirada de un hombre que ante un error deja escapar la gloria del paraíso. Algo de eso captó el buenérrimo comercial de Nike. Qué chingón ser testigo de la primera victoria de los japoneses, y recordar con ello mis infantiles tardes con Oliver Atom jugando en el Niupi y los sempiternos encuentros con el Franco-Canadiense, pensar al pueblo chileno y el pedacito de júbilo que les da una victoria después de meses de dolor por el terremoto de febrero, comprobar la apertura de la que tanto presume Alemania y que no por eso deja de ser temible, la elegante conchudez con que juegan los italianos a los que ya se les volvió costumbre empatar a uno con un país sudamericano en la primera fase, la imposibilidad física de las anotaciones brasileñas (y los albures con sus nombres que no me dejan para de reír).

Mi nacionalismo no se sostiene de once hombres en un estadio, pero nunca veré como algo negativo el sentimiento de unión, e incluso de orgullo, que me proporciona escuchar el himno al inicio de un encuentro, un marcador favorable, la alegría compartida con millones.

Por eso, Selección Mexicana, yo te echaré porras, yo gritaré "¡Goooool!" hasta que mis cuerdas vocales se sientan romper, pero si es que pierdes, lo sufriré hasta la médula y entonces sí será la más fregona y auténtica de las catarsis, la masoquista. Pero sobretodo porque deseo fervientemente tener esas dos horas que me son como un oasis en el que puedo olvidar todas las cosas realmente importantes que me atormentan. Por eso mañana el México - Francia me sumergirá en emociones optimistas y bellos recuerdos: "Gol, gol, gol; Allez, allez, allez".

P.D.- Mujeres del mundo que se quejan por el mundial: consíganse una pasión genuina que no sea girar como satélites alrededor de sus parejas. Gracias. (Además, qué ciegas están al dejar pasar el desfile de atléticos y bastante apetecibles hombres).

P.D.2.- Ah, y hablando de pasión, GRAN momento en la película "El Secreto de sus Ojos":

sábado, 20 de marzo de 2010

Ancestral

No sé de donde vengo. Al igual que yo, la mayoría de los mexicanos lo ignoramos o en el mejor de los casos lo intuimos. La clases adineradas sí lo saben, las más humildes también. El jamón del sándwich poblacional es quien no tiene idea de qué cerdo lo parió.

México es diverso pero se ha autodenominado poseedor de la raza de bronce. Yo no me siento así y lo soy, soy mestiza pero sin broncear. Desde niña me causaba conflicto el color de mi piel ya que asistía a una primaria pública y en una zona popular, no es difícil imaginar el escenario. Fui el blanco (literalmente) de un desfile de burlas entorno a mi palidez que me llevaron al trauma existencial, por ejemplo, me apodaron 'María Joaquina', el célebre personaje de niña mamona, adinerada y culera de la telenovela infantil más famosa de la década ochentera. Por eso arrastro el complejo de sentir que le caigo mal a la gente la primera vez que me ve: "güera sangrona y presuntuosa". El deseo desmedido de ser morena me orilló a que la primera vez que fui a la playa me asoleara un tiempo excesivo y sin bloqueador hasta causarme la quemada más monumental que recuerde. Casi no podía dormir y la piel se me caía a pedazos al tercer día, no era morena sino escamosa, colorada y lo peor, una ardida. Tenía ocho años.

-La ardidez no se quitó fácilmente, quedó arraigada en las profundidades de mi rencoroso y lívido ser.-

Los libros de texto de la SEP tampoco fueron de mucha ayuda. Ver ilustraciones con los majestuosos mexicas tan bravíos y altivos incrementaba el deseo de parecérmeles, de ser "mexicana", de ser descendiente directa y sin escalas de los seres que tenían el calendario más exacto, la ciudad más majestuosa, la ingeniería acuífera más sorprendente, la raza guerrera más exitosa de Mesoamérica. Si nací en la Ciudad de México era lo lógico. Fui educada sistemáticamente para odiar a los españoles y todo lo referente a ellos, me enseñaron a despreciarlos sin conocerlos. "Malditos gachupines que vinieron a destruir el imperio Mexica". Basta darse una vuelta al museo de antropología "mira qué avanzados ÉRAMOS, mira qué bellas pirámides TENÍAMOS, mira, en qué gloria ESTÁBAMOS". En la secundaria hasta leía poesía náhuatl en concursos de declamación, hice portadas bellísimas -por cierto, mis primeros dibujos de carácter realista y al carbón- sobre la conquista y la independencia de México. Oh, gachupines del demonio, púdranse en el infierno por su pecado, ¡desdichados!

Pasó el tiempo y en la prepa ocurrió que tuve una profesora de historia más elocuente. En una clase empezó a hablar de España, el conflicto de identidad que producía en el mexicano y que por lo tanto deberían de incluir en el programa de Historia de México la historia de la España medieval, la ocupada por los árabes y la renacentista en un tono más serio y profundo. Me opuse enérgicamente a su tesis: "Somos mexicanos descendientes de indígenas, fuimos conquistados en la más vil de las masacres, me rehuso rotundamente a que usted quiera que me interese y estudie la cultura de un país opresor, imperialista, y más específicamente: lleno de apestosos". Ovación de pie, aplausos y aplausos al por mayor.
"A ver, Olga, ¿ya viste qué color de piel tienes? ¿qué idioma hablas? ¿qué religión profesas?" Blanco-Español-Católica.", respondí. ¿Te ves al espejo y ves a un indígena legítimo o ves a un ibérico de raza pura?, ¿Por qué atacas aquello que también eres?".

La respuestas a esas preguntas me sumieron en la preocupación y desconcierto más profundos de mis catorce años. No era lo uno ni lo otro, era una contradicción. Ni siquiera era el mestizo prototípico: morena, curvilínea, cabello café obscuro quebrado, labios delgados y nariz pequeña. Soy blanquizca, delgada, cabello castaño claro, nariz chata, labios gruesos. No me "hallaba".

Es el eterno dilema de mi país, el amor-odio a España y la adoración-desprecio a los indígenas.

No somos los vencidos ni los vencedores. Los aztecas ERAN los arquitectos magíficos, ERAN los astrónomos precisos, ERAN los guerreros imbatibles. Fueron ellos y no nosotros los mexicanos, dejémos de acomodarnos sacos que no llenamos. Si tarde o temprano iban a llegar los europeos a América, qué bueno que a México llegó España. Gracias a esa historia estoy/estamos aquí. Mal que bien hay un México debido a que los españoles resultaron más calientes que sanguinarios. Y bendito sea el español, el idioma más hermoso de todos (sí, más que el francés).

Fui comprendiendo entonces que si pudiéramos sentirnos más propiamente como lo que somos, esta mescolanza mal hecha pero hecha está y ya qué, si aceptáramos que por razones fuera de nuestro control estamos más cerca de España de lo que desearíamos; que sí, que con toda razón lleva el mote de "Madre Patria": desobligada, conflictiva y abusiva (pero dicen que Madre sólo hay una, jodímonos), España a su vez es un país que sostiene con alfileres la frágil idea de nacionalidad, he platicado con tres españoles últimamente y no percibo otra cosa más que desprecio de unos a otros; si nos enseñaran desde niños que ni siquiera fueron conquistadores, que no eran más poderosos ni más inteligentes, sino aprovechados, aprovechadísimos de que Mesoamérica estaba ávida de traicionarse, si... si todo eso pasara dejaríamos de ser los agachados-malinchistas-sí-güerita-pásele-pinche-naco-prieto-aléjate-de-mí. La aceptación de que no podemos definirnos dada la inmensidad de nuestras raíces, que somos más que un mestizo fórmula "español + indio". Que el nacionalismo poco tiene que ver con el color de la piel.

Hasta hace poco me di cuenta del daño que también significa mitificar el mestizaje en México: ha producido una marginación aún más cruel hacia los indígenas y el optimizado el cómodo altar estético y económico de los descendientes directos de españoles.

Me entra la curiosidad y empiezo a investigar ¿de dónde es la gente de la que tengo genes?. El estado de Guerrero es un misterio, pocos registros, actas adulteradas, rastros perdidos. Cuahutémoc nació en Ixcateopan y sus restos están enterrados en la Iglesia del lugar -municipio adjunto al del pueblo familiar-. La zona norte del hermoso estado de mis padres estuvo poblado por pueblos nahuatlacas (primigenios mexicas, las tribus que salieron de Aztlán), chontales y purépechas. Incluso hallé información que habla de alguna supuesta migración post-conquista de grupos aztecas al territorio. Mi lugar favorito de la infancia es ése sitio en Guerrero donde me di cuenta que mis ancestros indígenas resultaron migrantes al igual que los hispanos.

He recorrido las principales zonas arqueológicas de México: Palenque, Tulum, Chichén Itzá, Cuicuilco, el Templo Mayor, Malinalco, Teotihuacán, Tajín, La Venta, etc. Por eso me irrita en demasía la crítica de la que he sido objeto al expresar mi NECESIDAD por visitar y conocer la otra parte de mis raíces. "Ay sí, 'ora resulta que muy europea", ps sí güey, un pedacito sí lo es y no tiene nada de excretable ni arrogante. Si no puedo construir una genealogía familiar más allá de cuatro generaciones, me la supondré. Mis apellidos son del centro y norte de España. El materno es Vasco, el paterno viene del Duero. Y ambos apellidos hacen honor a los árboles (oh, todo parece encajar tan bien). No percibo a España por debajo de los Mesoamericanos, pero tampoco por encima de ellos. Me ilusiona comtemplar el paisaje que también vieron hace siglos personas que decidieron emigrar de su país sabiendo que jamás volverían, tal vez así logré imaginar qué los motivó y si llegaron a dilucidar que de alguna manera futura regresarían a su terruño en forma de turistas mexicanos. Porque más que el presente y el difuso futuro somos el pasado, como cuando veo sentarse a mi sobrina Ana Patricia. Se acomoda con ademanes tales que mi madre dice que está viendo a su bisabuela, la misma forma de cruzar la pierna y recargar el codo en la rodilla, la exacta inclinación del antebrazo, la mano izquierda acariciando la infantil espinilla. La escuincla repite sin saber, las maneras de alguien que nunca podría conocer dado que murió cincuenta años antes de que naciera, de alguien que poco parece tener que ver con ella y su vida de principios de siglo XXI donde juega con con un ipod y observa sin asomo de sorpresa las calles de las grandes ciudades con google street view.

Aunque alejados, también somos los que eran.

sábado, 30 de enero de 2010

Inicios

El primer día de clases. El primer beso. El primer día en un trabajo nuevo. El primer vuelo en un avión. Las primeras veces son promesas. Las promesas, esperanza.

El inicio de cualquier cosa en la vida supone emoción, energía, ímpetu. Es el uniforme reluciente, la puntualidad, la simpatía desbordante, el nerviosismo magnífico -al que yo suelo llamar 'miedo bonito'-. Todos queremos dar lo mejor de nosotros mismos. Es que "la primera impresión nunca se olvida". Me gusta ver como inicia la gente. Por ejemplo muchas parejas mediocres. Las primeras pláticas y citas de estos personajes están plagadas de ideas chispeantes, bromas acertadas y discursos donde tratan de esconder al máximo sus manías o pasados cuestionables. Me gusta ver cómo se disfrazan, cómo pretenden durante esos pocos días, semanas o inclusive meses, ser el ideal encarnado del zoquete a conquistar. Pasada la primera etapa de ensueño, todo regresa a la normalidad. No es TAN encantador(a), no es TAN aventurero(a), no es TAN amoroso(a), es m-e-n-t-i-r-o-s-o (a). "Debimos quedarnos sólo con el principio, para qué lo hemos traído hasta aquí".

El curso natural de la vida supone cambios. Las parejas chingonas también tienden a separarse, aunque por razones menos hipócritas que un actor que se ha fatigado de la obra. Simplemente dejan de ser, no se maquillaron a la hora de conocerse. El "click" fue auténtico y no forzado. El entusiasmo se diluye paulatinamente, como la pintura en la fachada de la casa de una ciudad costera cuyo desgaste sólo se nota a través de los años. Cuando todo haya pasado, la memoria les traerá el retrato de esos días donde todo era felicidad y será sólo por esos momentos primigenios que sentirán nostalgia recordándose mutuamente. El final y el tedio serán reducidos casi a sílabas (o palabras altisonantes) en comparación con el vademécum y tratados resultantes de aquellos instantes donde surgió el amor.

-Quisiera siempre recordarte sólo como en el principio, no en el acabose. Hasta connotación peyorativa tiene "acabose" -le dió el acabóse-, sinónimo dominguero de "está que se lo lleva la chingada, pobre pendejo no sabe ni dónde terminar con su miserable existir".-

Lo mismo pasa con los propósitos de año nuevo. El energético arranque disminuye, fastidia, aburre y se convierte en un pusilánime ensayo que termina, si bien nos va, en el mes de marzo.

Por primera vez en mi vida estoy haciendo todo aquello que me propuse. Ni yo lo puedo creer. Y a sabiendas de que talvez baje la guardia y todo este entusiasmo que raya en lo ridículo me colme de fastidio o derive en un absurdo, quiero proponerme un "no me importa". Eso no me detendrá, el miedo al fatídico final no me detendrá esta vez. -Escribo con tanta determinación que siento que soy otra-. En el pasado hablé de la pérdida de la esperanza, y hoy recurrí a ella al inicio de estas líneas.

He dado ya los primeros pasos. Fanfarrias.

Este mes ha sido uno de los mejores-mejores-mejores eneros que he vivido (a veces tanta positividad me aturde. Tanta buenaondez de la vida me espanta. Pienso que hay una cuenta que pagar y no me vayan a pasar factura con un cáncer en mi pobre e inocente páncreas en mayo. Pero entonces recuerdo aquellos tiempos apestosos -obviedad, estaban llenos de mierda- y prefiero pensar que es hora de disfrutar un poquitín).

Post dedidado a la memoria de mi jocoso y muy extrañado abuelo, acaecido exactamente hace 365 días, él me quería ver feliz y carcajeante siempre, "¡Ah cómo das lata con tus caras largas!".

jueves, 31 de diciembre de 2009

Instantes

A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto
toda nuestra vida se concentra en un solo instante. Oscar Wilde


Es la primera vez en muchos años que el recordar un año me saca casi exclusivamente sonrisas. También es la primera vez (en ya tres 31 de diciembre), que releer algunos post escritos aquí es tan significativo. Hace un año justamente imploraba que el 2009 fuera el año del cambio, de ya no estar en el mismo lugar. Y ya no lo estoy, a pesar de que esté redactando esto en la misma recámara que he ocupado por diez años. A partir de este año logré deshacerme de un lastre que me había tenido en la más pasmosa depresión. No existía un día ordinario en el que me sientiera plenamente feliz. El inconveniente deriva hoy en que percibo como el protagonista de "El bulto" con todo ese tiempo dormida y al despertar todos a mi alrederdor están cambiados y con vidas muy distintas. Tal vez en eso radique que no me sienta en la misma sintonía que mis amigos de la universidad o la preparatoria. Ver sus relaciones de ñores y las rutinas de oficinistos adultos-contemporáneos me trauma. Chavos, tienen la década siguiente para tales protocolos y aburriciones. Yo no vuelvo a desperdiciar un día en introspecciones sin sentido y flagelaciones innecesarias.

El año en el que siento que he vuelto a ser quien soy. El año de la libertad.

No todo es brillante y positivo. Todavia siento un malsano coraje hacia mi persona por los años desperdiciados estúpidamente -acciones estúpidas, desiciones estúpidas, motivaciones estúpidas-, espero que se diluya en 2010.

Este año me enfrenté a un reto profesional que me parecía imponente. Era mi Goliath. Hoy puedo decir: "¡Prueba superada!" y lo digo con la bocota llena de seguridad y orgullo.

Me llevo mejor con mis papás y he platicado con ellos más que en otros tiempos. Entré en la conciencia de que un día ya no estarán, y cuando llegue ese momento no quiero sentir que no estuve lo suficiente con ellos. Son los amores de mi vida, a pesar de que tenemos ideas diametralmente opuestas.

Salí de mi zona de comfort de todas las formas en que pueda interpretarse. Lo que sigue es sacudirme el miedo que prevalece ante el horizonte de lo desconocido.

INSTANTES DE 2009
-en estricto azar-

Tomo nota. Recibo correos. Llamadas. -No la chinguen, yo no puedo hacer esto-. Una noche de marzo platico con un amigo y decido regresar en mis pasos, no correr riesgos. Horas más tarde alguien me habla en el messenger y sin muchas palabras me convence de que puedo. Se puede. Se pudo.


Un Aurrerá. Estoy tan nerviosa que no puedo abrir un refrigerador... busco la manija entre las visagras. Él lo hace por mí y se burla de mi torpeza. Suena una música cumbianchera y bailamos en la fila de la caja, ahora yo me burlo de su torpeza. La cajera nos ve con desaprobación y envida, estamos tomados de la mano y nos besamos. Compramos botellas de agua, chicles. Hablamos de un viaje. Bueno, dos. Luego viene el beso perfecto. No hay pasado, tal vez tampoco futuro. No hay rencores, ni dobles mensajes, ni dudas. Hay certezas. Pero aunque breves, son las mejores que he vivido.

Salgo de mi casa. Veo el celular, sé que aunque le avisé no me llamará para ir al evento festivo de esta noche. Ya era mucho de ser cuasi inseparables. Le llamo a la festejada y le pregunto cómo llegar "Apúuuurateeeee", me dice con su dulcísima voz. Tomo un taxi y voy tarareando una canción, pienso en que será una gran fiesta y que tengo muchas ganas de bailar.

Él se asoma como si nada a mi lugar de trabajo y al ver su cara nerviosa con la sonrisa forzada sé que algo ha valido madres. Me lo dice después de rodeos bobos, cuando está nervioso bromea como infante. Después de semanas de terror se convierte en una realidad.

La orilla del mar. Un calor asfixiante para ser febrero. Pienso en ti mientras veo el océano y siento la raquítica fuerza de una ola disminuída golpear mi pie derecho. Ese fue el momento en el que te despediste de mí para siempre, como una energía que después de recorrer distancias inmensas pierde su majestuosidad... pero llega a su destino, cumple su odisea. Adiós, Basave.

El metrobús se ha convertido en un transporte que ya no detesto. Me bajo y camino a casa de Ana y al llegar platico con ella para ponerla al corriente de lo acontecido en la semana -esperamos a su hermana-, también juego con su gatito de un mes y medio. Le digo -y ella concuerda- que debería estar contenta pero no lo estoy tanto. Algo no cuadra. Es que...¿Si uno está en un parque de diversiones a huevo tiene que estar radiante de felicidad, no?. Y yo no puedo ni reirme de sus chistes. Ironías de la vida, ambas pasamos por experiencias similares en esos días, pero al contrario de mí ella usa palabras más seguras, más firmes, más convencidas. Salimos de su casa y tomamos de nuevo el metrobús. Recibo un "gracioso" sms que para nada me hace reír.

Estoy bebida. Estñupido tequilaaa (no, la estúpida fui yo). Si hay una bebida que me pone ebria muy fácilmente es el tequila. Estoy en una fiesta, me despido de mis amigos ondeando mi mano beoda y sólo alcanzo a voltear a la sala para ver si no olvido algo. Citaré una línea de "El amor en los tiempos del Cólera". Gabriel García Márquez, sí, voy a referirme al escritor más odiado y laureado de América Latina, JUSTO a él: "En un instante se le reveló la completa magnitud de su propio engaño, y se preguntó, cómo había podido encumbrar por tanto tiempo y con tanta servicia semejante quimera en el corazón. Florentino trató de decir algo pero Fermina lo paró con un gesto y lo borró para siempre de su vida". En la ebriedad encontré la lucidez.

Llegamos a su casa y me doy cuenta que es uno de mis lugares favoritos. Después de platicar por horas de todo y de nada quedamos dormidas y sólo alcanzo a escuchar la licuadora de la vecina que prepara los matutinos desayunos de sus colegiales vástagos.

Al starbucks lo odio y lo amo. Me gusta endemoniadamente el frapuccino de esa maldita cadena. Me siento afuera para poder fumarme un cigarro. Tengo miedo. Es una fobia idiota, pero fobia al fin. Le llamo a una de las personas a quien más confianza le tengo -ojo mucho ojo- y le platico todo lo que me aquejumbra en ese instante. Es tan sabio. Al colgar respiro aliviada y me dirijo al encuentro de un trámite que destesto.

Espero con ansias (y angustia y miedo -pero del boniiiiito- y emoción y positividá) al 2010, en lo referente a mi vida personal. Espero con pavor (y hastío y preocupación y desgano y miedo -del feiiiíto- y coraje) al 2010, en lo que refiere a la vida de político-económica de México.

domingo, 1 de noviembre de 2009

La vida después de la muerte

Peco de solemnidad muchas veces. Lo que para muchos puede ser una celebración insensata y pasada de moda (¡mejor-vamos-a-un-halloween!), para mí acarrea introspecciones y diálogos internos donde participan varios interlocutores. Intento platicar con ellos: con "Los que ya no están".

Y me gusta recordarlos, buscar sus fotos, pensar que les gustaba, hacerles un espacio en medio de la casa, justo como si estuvieran de visita y los sentara en la sala. El mezcal de mi abuelo, los cigarros de mi tía-abuela, la cervezas de mi tío y tía.

Y es mi abuelo, la ausencia más reciente.

En el pueblo de mis padres (como en muchos) se acostumbra llamarles "ofrendas nuevas" -lógico- , cuando es la primera vez que alguien es protagonista de una. Los amigos de la familia tejen y bordan servilletas con santos y motivos religiosos, se usan ésas para adornar en lugar del papel picado. También se elabora un acróstico con el nombre del muerto nuevo. Mi abuela me pidió que escribiera el de Hermilo. Como podrán darse cuenta, no soy precisamente una persona de letras, pero hice lo posible por componer algo que le hubiera arrancado una carcajada al viejo. He estado pensando en él casi todos los días. Hasta mi madre dice que al escucharme hablar, diciendo "disparates" constantemente, siente que oye a su padre, que soy igual de sociable y dicharachera que él. Yo misma me doy cuenta que hay aspectos de mi carácter que comienzan parecerse mucho al suyo. Cumplí un año un mes sin verlo ya.

Mi papá elabora año con año una caja blanca perforada con la forma de una cruz a la que le mete un foco y coloca en la parte superior de la ofrenda. La forma en que mi mamá va acomodando las cosas y el número de veladoras que ponemos tiene significados. Sus hermanos y su padre ocupan el lugar privilegiado en nuestro altar. Desde niña me gustaba verla acalorada llegando del mercado de Jamaica con ramos y ramos de flores, velas, bolsas con calaveras, incienso -oh, el sutil aroma del incienso que inundaba la casa-. Ella me contó una leyenda de "el ánima sola", aquella alma que no tiene quien le ponga una ofrenda y por lo tanto se pone un luz "extra" en la ofrenda dedicada a ella. Desde entonces me da tristeza la facilidad con que muchos muertos son olvidados. Varios años hemos ido al panteón francés a visitar la semi-abandonada tumba de la tía abuela Basave. Aproximadamente el 70% de las lápidas están sin flores en pleno día de muertos. Es tristísimo. También resulta escalofriante ver los monumentos de los sepulcros de niños. Son angelitos descuidados y avejentados que se ven tétricos. La mayoría son de principios de siglo pasado, es fácil darse cuenta que casi todos esos niños y bebés murieron por nacer en un tiempo sin vacunas ni penicilina.

El día de muertos es la celebración de la nostalgia, del apego y de la terquedad. Yo no lo veo como un evento puramente jocoso donde los mexicanos nos burlamos de la muerte, lo percibo más como la noche donde le decimos: no nos podrás separar nunca, mientras yo viva no lograrás que los olvidemos.

He fantaseado con mi propia ofrenda. Cómo no hacerlo si ha estado tres veces cerca de materializarse. Quiero que sea majestuosa. Quiero sendas garnachas y salsas en mi altar. Cigarros, tequila, mole. Quiero que pongan mi mejor foto y de fondo mi música preferida. Es la cúspide del egocentrismo: yo no quiero que me olviden cuando haya muerto

Y lo que más quisiera, más, es poder verlo. Eso último es el mayor anhelo que tengo en la vida. ¡Ja!.

miércoles, 28 de octubre de 2009

El cambio

Y el olvido.

Hace dos años tuve la "ideota" de abrir un blog y empecé a escribir sandeces aquí. Jamás imaginé conocer a tanta gente, hoy adorada y querida, por acá, hola muchachos. No he posteado, cada vez tengo más en el olvido a mi blog.

Hubieron hartos cambios desde que dejé de escribir. He pensado mucho en este espacio aunque prácticamente llevara más de un mes sin visitarlo: cambiarle el nombre, el propósito, mi zoquete nickname, el diseño, usar sólo una temática en todos los post: /personal/cinéfilo/chistosón/cábula/intenso-azotado/México D.F./Quejica/prentencioso/diseñísitco-profesional/Gadgetero. Pero para qué, mi blog tiene todas esas etiquetas, y aunque cada vez me cuesta más trabajo postear porque muchos de esos lectores virtuales ya tienen rostro y qué pena, adiós pseudo anonimato y balconeo amigueril. Llegue a la conclusión de que no quiero unificar su línea, que sea de chile, mole y pozole. Y en definitiva no lo cerraré.

Hace unas semanas fue mi cumpleaños y entré en crisis. Siempre entro en crisis. Desde mis once años sufro con la llegada de un año más. Primero no quería dejar la niñez, luego la pubertad, luego la adolescencia. El caso es que "le saco" a seguirle para adelante. Y discúlpenme las mujeres de treinta, pero me me han contado cosas terribles de esos lares y menos animada me siento de acompañarlas (no se alteren, lo mismo me decían a los diecisiete de las de veintitantos "ya vas a trabajar y qué feo es eso, disfruta la universidad")-¡Es broma!-. Detesto todo lo negativo que se dice de la tercera década, lo que en teoría debemos ser-poseer-anhelar. Lo que en verdad me preocupa de la edad es la pérdida de la capacidad de asombro.

Ejemplo un tanto bobo: fui al concierto de Placebo y al de Depeche Mode. Ambas son de mis bandas favoritas. A las dos las visto en otras ocasiones. Algo cambió, los conciertos me entusiasmaron, la compañía no pudo ser mejor...pero no fue lo mismo que en años atrás. Me recuerda a quella teoría de Kundera, donde habla de la repetición. Un hombre le dice a la primera mujer de su vida por primera vez "te amo" y nadie duda de la autenticidad de sus sentimientos. Es enternecedor. Pero si ése mismo hombre le dice a la vigésimo sexta mujer de su vida por vigesimo tercera vez, "te amo", simplemente es ridículo, aunque su amor sea tan verídico e intenso como el de la primera.

¿Será que conforme pasa el tiempo todo se vuelve terreno conocido?.

Me da pavorconvertirme en una película que de ver tantas veces, que aunque sea de mis favoritas, llegue a aburrirme y la única sensación que despierte sea la nostalgia...o peor aún el tedio.

Los últimos cuatro años de mi vida fueron como una especie de anestesia, de la que apenas voy despertando. Continuamente me repetía a mí misma, los lugares, la gente, las situaciones. Hace poco recordaba cómo era hace una década. Aunque no supiera bien a bien qué rumbo tomar, siempre había una especie de señalamientos que indicaban la ruta: los años preparatorianos, trimestre tras trimestre en la carrera. Finalizar la universidad y luego hacer el servicio social, los pininos laborales, el primer GRAN trabajo, los retos superados. Entonces el hecho de llevar trabajando en el mismo sitio más de tres años, pareciera indicativo de que DEBE terminarse el ciclo. Ya no sé qué hacer o a donde moverme, ya no hay señales en el camino, sino neblina: incertidumbre. Hace quince días me cambiaron de instalaciones en mi chamba. Y de alguna forma tiene significados, me representa cerrar un círculo. Es una tontería, sólo se trata de un lugar, de un espacio. Según rumores tal vez hasta deje (mos) de trabajar ahí, aún no lo sé. Ya no me preocupa como en este post. Ya no quiero tenerle miedo al cambio, a crecer, a envejecer. Renuncio a la monotonía y la nostalgia. A la melancolía y al pasado.

Es momento de buscar esas nuevas experiencias que puedan volver a remover los cimientos de esta arcaica construcción. A ver, ¿qué me falta por hacer, y que tenga el valor y oportunidad de llevar a cabo?. La lista es TAN larga.

martes, 18 de agosto de 2009

Los días veraniegos

Yo no he detestado al verano siempre. Hubo años en los que me pasó inadvertido. Desde el nacimiento padecí continuamente enfermedades respiratorias, así que mis tardes veraniegas se reducían a mi recámara: veía a los otros niños brincar en los charcos que dejaba la lluvia torrencial de julio. No es gratuito que uno de los recuerdos olfativos más marcados que tengo sea el de mi aliento rebotando en el vidrio de una ventana. Por que para mi salud los extremos eran letales: calor+lluvia=verano=hospital.

Después de los catorce años comencé a notar ciertas conincidencias entre las malas noticias y el pinche verano. Entre los buenos recuerdos y el maravilloso verano. Las tardes de cielos profundamente azules, con nubes formando cirrocúmulos y altocúmulos que esconden formas incongruentes, son las mismas tardes de cielos que unas horas después se transforman en nimboestratos con tormentas temibles que nos impiden salir. Es la temporada de la contradicción. Se supone que la gente se deprime en invierno por que hay poca luz, hace frio y todo aparentemente es gris. A mí me altera más la indefinición del verano. O hace frío o hace calor, decídete de una buena y puñetera vez.

El caso es que éste verano no ha estado tan mal (ya usé demasiado la palabra verano, lo sé). A pesar de que ir en contra de mi salud me he dejado empapar gustosa por la lluvia pendenciera. Qué más da correr o refugiarme pegadita a la pared o bajo un balcón. Ya para qué me pongo de mal humor, haré lo que en mi infancia estaba prohibido: caminar bajo la lluvia. El calor no me abruma. Estoy dejando de lado los estúpidos complejos físicos que tengo. Me pongo falda, tengo las piernas flacas, enfermizamente blancas y qué. Y si se me da la gana me visto con blusitas escotadas, aunque haya poco que "escotar". Lo que yo tengo es calor, no ganas de llamar la atención o ser blanco de críticas perversas. Como que mis veranos son radicales, días excelentes VS días depresivísimos. De hecho estoy enferma, le achaco mi mal al caprichoso clima de estos días (ajá sí ajá).

¿Por qué no son cómo mis otoños?. Tranquilos, certeros, enfiestados. O mis inviernos meditabundos, nostálgicos, quejumbrosos. O mis primaveras felices, optimistas, entusiastas.

He calificado la bonanza de un año por estos meses, justo los de en medio junio, julio, y agosto. Atravesando las primeras semanas ya más o menos sé que esperar de las que faltan. Este año no puedo opinar, el verano se puso muy tibiesón. ¿O será que los sucesos simplemente son medianamente buenos y medianamente malos?.

lunes, 10 de agosto de 2009

Vivir de nuevo/ REPRISE

La parte medular de una película es su guión. Ninguna logra ser excelsa sin el magnificente hilo que teje reflexiones, vueltas de tuerca, e interesantes personalidades. Las palabras y las ideas son la más grande creación del cerebro humano (asegún, porque en algunos casos tengo mis dudas). Ya muchos han descrito esa cada vez más plural sensación de vivir su vida como si fuese un libro o una novela: siendo manejados por las invisibles órdenes y caprichosos designios de un mequetrefe guionista-escritor.

Si van a ver ésta joyita al cine (que aún se puede, yo la vi desde noviembre en la cineteca, pero necesitaba verla de nuevo para ordenar mi atareada mentecita), encontrarán la historia de Phillip y Erik, un par de jovezuelos buenaondita que viven por y para escribir. La narrativa de la película me remitió inconfundiblemente a "Trainspotting" pero sin perdedores en la densidad de la heroína y la autodestrucción. O no. Reprise no lo aparenta mucho, pero también habla de un no-saber-qué-pedo y una autodestrucción inminente en algunos personajes. La finalidad de la película me recordó inconfundiblemente a 'Reconstrucción', la maravilla del cine danés de Christopher Böe. Pero sin decir explícitamente que todo era producto de una ficción o una historia de posibilidades. O no. Reprise lo deja claro en los primeros dos minutos, cuando nos presenta una histora contada a pisatalones y de pronto de detiene en el key frame inicial, rebobina, y nos cuenta todo con más calmita y detalle. Es cuando el director se pone más detallista. Nos platica con ayuda de la voz del "escritor" de Reprise, aquellas cosas que sólo escenas largas e interminables diálogos podrían lograr.
Erik y Phillip son amigos, los mejores amigos, de esos que te definen el término "Amistad". De esos que han estado en el peor momento de tu vida. De esos que son tus compañeros de juerga, pasiones, labores. De esos con los que dices todo en medio de silencios. Junto a ellos, conviven zoquetes menos complejos. Son noruegos. Increíble, los noruegos también quieren salir de su país, también quieren ir a Francia, escapar de su pequeño-terruño: ¿Qué carajos se respira en el aire de París que todos están tan urgidos de olerle? De momentos me imagino exclusivamente a los latinos con el ansia de salir huyendo y pisar otras tierras del otro lado del Atlántico. Y no, resulta que también los noruegos están deslumbrados con los clichés. Me halaga la postura del humor fino, inteligente, y medio mamón, me siento menos bruta que de costumbre. La cosa es que estamos en manos de un escritor, un narrador que nos habla de las idas y venidas de los noveles escritores. Un narrador que se revela y nos muestra cómo es que se teje una historia.

Y entonces YO tengo LA proyección:

¿Quién no quisiera planear y justificar sus acciones?, o mejor aún, las de otros, ¿Quién no quisiera imaginar distintos descenlaces, clímax más atropellados, encuentros inexistentes e imposibles? ¿Quién no qusiera escuchar al escritor del guión de nuestra vida?

Me imagino rastreando el punto clave (me gusta decirles "key frame": en animación un key frame es un punto en la línea de tiempo donde sucede un cambio importante en la trayectoria de un objeto) de mi existir. Donde si sucediera una cosa u otra cambiara por completo su sentido.

Ejemplo:

Yo decidí estudiar en la UAM. Aún teniendo en mano los papeles de la ENAP, inscripción, pagos, salón, horarios. No me imagino qué tan distinta sería mi vida de haber esperado unos meses para el término de la huelga: "Entra a la ENAP y sigue conviviendo alegremente con sus amigos del 603. Se da cuenta que está enamorada de Ignacio por que dibuja muy bonito y es el único que aprecia sus fotografías fuera de foco; entonces decide terminar con el novio de la prepa. Estudian al parejo todos los semestres. Se van a vivir juntos un año después de graduarse y son los primeros de sus amigos en hacerlo, la familia se opone. Se sienten Romeo y Julieta, pero no lo admiten dado que tal comparativo es ridículo, gastado, y pendejo. Pusieron un despacho de diseño. Su loft está en la colonia Roma. Ella sigue sin saber a qué sabe la cerveza, no bebe ni fuma. Practica yoga todos los días. Tienen dos perros. Ella se despierta un día y descubre a Ignacio muerto en la sala. Se suicidó porque no podía soportar tanta felicidad. Ella siente asco hacia sí misma dado que la muerte del marido le ha despertado una vena creativa muy profunda. Después de una depresión laconica se vuelve pintora...pésima pintora, pero la historia del amor quesque perfecto y el esposito suicida le dan fama en los andares culturosos de la ciudad."

Rebobinaré más este viejo casette, qué habría sucedido de haberle tomado la palabra a mi admiradísima profesora de historia en la prepa: "'Lo tuyo es el derecho, el área de sociales, es más, Mario y tú deberían estudiar filosofía'. Encontramos en el correspondiente tiempo alterno a una frustrada estudiante que intimidada ante tanta sapiencia, se ha cambiado tres veces de carrera y no siente que da el ancho en ninguna. Pero... ¡Qué buenas pedas con los del Colmex! -es que mi maestra me hablaba maravillas de las reuniones del Colmex-. Mario, en cambio, ha terminado filosofía y ha escrito su primera novela "Aurelia". Vive una temporada en Japón. Ella, urgida de plata para subsistir, entra a trabajar en un pequeño despacho donde se desempeña como capturista. Vive al día, se ha salido hace un par de años de la casa paterna, sus progenitores no estaban dispuestos a seguir cargando con el parásito indeciso. A los veintiséis, aún cursa trabajosamente la licenciatura de Historia, el quinto semestre apenas. En el trabajo uno de los jefes se le ha insinuado hasta llegar a un acoso extremo y ella planea demandarle "maldito cerdo chovinista, muéeeereeete", toda vez que logre grabarlo en fraglacia. Y lo logra. Estando a punto de levantar la denuncia, su roomate le presenta al cerdo chovinista como su nuevo novio. Al contarle a ella todo lo sucedido, lejos de encontrar comprensón y apoyo se queda sin trabajo y sin hogar. "Pinche Alejandra culera". Uno de sus compañeros de la universidad le da asilo. Encuentra trabajo como mesera en Coyoacán. Un día aparentemente gris y sinsaboro, Mario llega ese café para recordar los tiempos preparatorianos. Es un hombre feliz y pleno. Le ofrece trabajo de asistente. Ella lo acepta encantada."

Rebobinando más, qué hubiera pasado si en lugar de la freseis hubiese estudiado en una vocacional, en el poli: "Ha sido maravillosa la forma en la que ella ha podido desarrollar su aptitud numérica y raciocino abstracto. Y en la que ha logrado sustraer todo indicio de sentimentalismos o piedad en su corazón. Tiene veintiséis años y está haciendo un doctorado en Robótica en el MIT, dado que el resultado de las investigaciones que llevó a cabo durante sus años estudiantiles fueron destacadas. Un prototipo que desarrolló con otros (un tanto menos capacitados) estudiantes ganó un concurso internacional. Existió un novio durante la carrera con quien sostuvo la relación más ñoña y aburrida, pero terminaron porque el no pudo resistir su éxito. Sin embargo, a veces hablan por skype. Ella está casada con un gringo sonriente que no habla ni pizca de español, pero irónicamente el francés y el alemán le salen bastante fluídos. Lo conoció porque era su dentista. Ella usa frenos desde los veintiuno. Tienen sexo una vez cada bimestre, por mutuo acuerdo, ambos parecen sólo excitarse con el sonido de una máquina funcionando. Le gusta la vida monótona de los suburbios en el frío estado de Massachusetts. No extraña a nada ni a nadie de México."

¿Más?

"Sus papás se divorcian al cumplir los nueve años y se va con su madre a Sinaloa, a vivir con el tío soltero y militar. A los catorce en medio de una rabieta espectacular, huye de la casa donde se ha sentido encerrada, restringida, y rencorosa. Se enamora de un narcotraficante que le proveé lujos asquerosos. Tiene dos hijos antes de los veinte. Decide dejar al narco cuando la golpea, huye de nuevo, pero sólo con uno de sus hijos. Se va con el tío, a Mérida. Ahí abandona al otro tumor, al fin que él tío siempre quiso un hijo varón. Se translada al Distrito Federal y comienza a vivir en el arrabal. Después de algunos hábiles movimientos estratégicos (tranzas, pues), tiene el suficiente dinero para poner un negocio. Ahora es dueña de un bar y controla el tráfico de estupefacientes de la zona Rosa."

Pero esos son sólo ejemplos con argumentos baratones.

Lo que hizo que esta película se conviertiera en algo entrañable es que me sentí parte de ella, como uno de los protagonistas. He pasado por los mismo lugares que casi todos los personajes:

La terquedad nauseabunda y sin argumentos, la amistad inquebrantable, la incomodidad de los silencios, el no poder entender qué sucede con mi vida, el ser fanático -hasta llegar a límites estúpidos- de una banda, el despreciar a los amigos que tiran a la basura su forma primigenia de vida para cambiarla por aquel estatus que les causa más repulsión...

(esta es una de las mejores escenas cagadas del filme. Uno de ellos, Lars, transcurre la cinta entera diciendo las más grandes -pero graciosas, qué desgracia- frases misóginas que he tenido el infortunio de escuchar "no necesitas una novia, eso te distrae, si escuchas a una mujer decir algo inteligente o tener una opinión respetable de música, literatura, o cine, es porque lo aprendió de su padre o novio, con ellas debes ser cruel, como Zaratustra". Desmadroso, soberbio, y amante del porno (¿algunos aludidos?). Un día invita a Erik a una fiesta en su casa ya que han pasado algunas semanas sin verse. Él les dice a los demás. Al llegar se percatan de que la fiesta no es sino la típica cena yupie de cuatro parejas exitosas y bellas tomando vino a la luz de las velas, Lars POR FIN ha encotrado novia, una muy pudiente, y es por eso que ha botado a sus compañeros de juerga. Phillip mismo escupe un "es lo más deprimente que he visto en mi vida", y tenía toda la razón. Me enfuerece de sobremanera que haya quienes pueden esar, dos, tres, quince, veinte años de su vida atacando una postura y luego, así tan facilito, abracen la opositora.)

El temor al futuro; la admiración, ciega, devota y adolescente por un escritor (si tan solo yo hubiera vivido en Praga en los sesentas, o en Argentina en los setentas). El enamoramiento mágico-idílico-musical:

-Dos, tres, cuatro, cinco. Después de que termine de contar hasta diez mis ojos encontrarán tus ojos en medio de esta fiesta. Después de que termine de contar hasta diez te enamorarás de mí. Siete, ocho, nueve, Diez- La fé en amores predestinados, únicos e irrepetibles.
Tal vez la similitud más significativa la sientí en el personaje de Phillip. Quien haya visto esta película se enterará de un secreto de mi vida si lee las siguientes palabras: Es con el personaje que más me identifiqué. Una tarde hice exactamente lo mismo que él después de la presentación de su libro y por el mismo motivo. Un completo exceso inexplicable.

lunes, 20 de julio de 2009

Perdóname, blog mío

Ya sé que esto ha pasado antes. Entiendo tu enojo, no quiero pretextarte clichés. En el post anterior intenté salir con un chistorete, no quería volver a verte y que empezara lo rudo luego-luego. Romper el hielo le dicen.

Esta relación ha sufrido muchos altibajos, lo sabes mejor que yo. Nuestro inicio fue esplendoroso pero "como en cualquier amor, el primer mes fue el bueno"-Mecano dixit-. A veces ya no sabía ni qué postearte, no se prever cual será tu reacción. Cada vez me cuesta más trabajo comunicarme a través tuyo. La rutina, la maldita rutina, esas ansias que me dieron de conocer algo nuevo, cambiar de aires, alejarme de ti para entender qué nos estaba pasando. La excitante novedad.

Bueno, ya, sin rodeos. Te soy infiel. Muy infiel. MUCHO-MUY-INFIEL.

Es más joven que tú.
Es más popular que tú.
Es menos complicado que tú.
No me exige tanto como tú.
Entiende que no pueda estar mucho tiempo con él, aunque me aleje, sigue en su desmadre y sin fijón.

Es más fácil estar con él. Es un sitio coquetón y dicharachero. Me hace reír continuamente, tiene cada ocurrencia. Además, es sumamente ágil, intrépido, se entera con gran celeridad de cualquier acontecimiento o chisme banal. Te darás cuenta que lo que resalta aquí es su ligereza. No me siento comprometida ni atrapada, sólo me divierto.

PERO.

Él no eres tú, amado blog.

Él no me entiende.
Él no profundiza demasiado.
Él es inmaduro.
Él es hiperactivo, no puedo seguirle el ritmo, ni la grandilocuencia de su ingenio graciosón.
Él no me sirve para el desahogo o el intento chaquetero de reflexión que solía tener contigo.

Sí, lo veo casi todos los días. Sabe muchas cositas de mi diario acontecer. Pero eso ¿qué?, son sandeces quejumbrosas sin mayores introspecciones. De ratitos y como jueguito está bien, pero para algo serio sólo te quiero a ti. A TI.

Él es un free. Tú eres el amor de mi vida -virtual-.

Perdóname, de verdad quiero que esto FUNCIONE, Estoy dispuesta a poner todo de mi parte. Sé que te lo dije antes, pero esta vez sí va en serio. Ya no quiero estar sin ti, me haces mucha falta. Quisiera que todo fuera como antes. Me fui pero no me fui del todo, pienso en ti todos los días. Escribirte un post era como tocar el cielo. Cuando estoy con él, es tu template el que me imagino. Tus comentarios son más apasionados e intensos que sus cortos y efímeros replies.

¿Podrías apreciar mi sinceridad?. Sé que ha sido difícil para ti también. Pero lo que tenemos vale la pena, trata de entenderme, me vi atrapada entre tanta presión, que si el trabajo, que si mis azotes regulares, reaccioné mal. Esta es una relación larga y difícil de mantener, pero mucho más satisfactoria. Tú me diste alegrías insustituibles. Lo curioso es que de no ser por ti, no lo hubiera conocido a él: el Twitter.

Y siendo más sinceros aún, voy a revelarlo todo. Hay otro por ahí que también me ha hecho ojitos un tiempo, hará más de un año. Es muy guapo, dizque buena familia. Fresón. Pero...es taaaaaaaaaan estupidín. Se la pasa perdiendo el tiempo en tonterías. Es muy superficial, le importa bastante la apariencia. Me parece un tanto hueco. Me gusta verlo de vez en cuando y usarlo para presumir, o babosear, o procrastinar. De ese no te preocupes, no es nadie especial, quizás nomás esté de moda. Facebook no me quita el sueño ni me arranca suspiros como lo hiciste tú.

Te amo.

---------------------------------------

(La mera verdad quiero ser bígama virtual, pero no se lo digan al blog, me lo estoy choreando un leve, ya saben cómo es esto.)

lunes, 15 de junio de 2009

Hola, Olga

El domingo me fui al centro con alguien a quien tenía mucho de no encontrar. Nos alejamos hace tiempo, dejé de verle cobardemente, siendo que mi amor hacia esa persona es inmenso como el mar. Tiene un sentido del humor que sólo a mí me hace reír, o que sólo yo puedo apreciar.

Hace algunos años acostumbrábamos ir al cine dos o tres veces por semana. Caminábamos horas por Coyoacán, por Coapa, el Centro, Tepito, Polanco. Únicamente nosotras. Platicábamos horas, nos carcajeábamos sin necesitar muchas razones. No requeríamos de nadie más para sentir que un día era glorioso.

En el último par de años evité a toda costa acompañarla. Me abrumaba, éramos insoportables juntas. Se volvió aburrida, hueca, monótona. Siempre la misma cantaleta, las mismas quejas, los mismos ademanes. Creo que hasta algunos de sus amigos dejaron de verle también. En lugar de acercarme más a ella y ver cómo demonios podía sacarla del agujero en el que estaba, me alejé. La dejé sola, me escondí. Y sola se quedó, peor aún, sola se sintió (ambas cosas son distintas).

Empecé a buscarla hace un par de meses. Tenía que ser poco a poco, ya que estaba resentidísima conmigo y había que tantear el terreno antes. Siendo yo la jocosita de la relación, parte de mi labor era darle ánimos y hacerle saber lo maravillosa que es, ya que ella continuamente se percibe muy basurita. Es demasiado exigente consigo misma y con los demás. Es una lástima que yo no pudiera tratar con las personas que conoció en mi ausencia. Tal vez hubiera logrado que se llevaran una mejor impresión.

Prometo no volver a dejarle.

lunes, 11 de mayo de 2009

Mi predecible, y cursi, y no-original gusto musical

"La vida sin música sería un error", célebre frase del célebre Nietzsche. Y siendo sustancia irreemplazable del día a día, es común que nos identifiquemos a nosotros mismos o a nuestras vivencias con ciertas melodías y canciones.

No creo que mi experiencia sea muy diferente de la mayoría. Si el olfato es el sentido con el que más fácilmente podemos rememorar, yo no subestimaría al oído. Nuestra canción favorita puede serlo no por su composición, melodía excelsa, o lírica poética/filosófica. Muchas veces los es por lo que sucedió en nuestra mente o en ese particular momento de vida mientras la escuchábamos. Por que era la canción favorita de alguien querido. Por qué a través de ella añoramos el pasado. O traducimos el presente. O anhelamos el futuro.

Yo tenía una lista de canciones con las que masoquistamente me desgarraba el alma (uy). Bueno, dos rayitas menos de azotadez, con las que me daba de topes en la pared. Mucho tiempo creí que no podría escucharlas sin desligarlas de "cierta" circunstancia. Me dí cuenta que ya no ocurría eso y como que habían perdido sabor. Entonces pensé que aunque ya no me malviajara al oirles, seguirían perteneciendo a esa época, recordándome a ciertas personas. Y NO, tampoco. Hoy algunas de esas canciones parecieran nuevas, adquieren distintos sabores, olores, imágenes, sensaciones. Por desgracia pertenecen a un género denominado "gusto culposo", son de un gusto maletón, o choteado, o predecible, pues. Desfilan, por ejemplo, la única canción que tolero de los Back street boys, "Show me the meaning of being lonely" (qué bajo caigo al admitirlo, lo sé), el mayor éxito de Dido, "Here with me", las más repetidas canciones de depeche mode "enjoy the silence", "home" "in your room", de pink floyd "wish you were here", claro no quiero omitir al grupo insignia odiadopormuchosamadopormás U2: "with or without you", "one", "stay", "so cruel". Y el superbuenérrimo Sting "When we dance". En español, me llegan, pero me llegan de verdad "hipnotízame", "infinito" (del bunbury, hasta ése), muchas de mecano, otras varias de bosé...y lo mejor, acábome de dar cuenta que soy FAN de Camilo Sesto (que ha derivado en el Michel Jackson iberoamericano, por cierto, me gusta mucho la combinación de traje blanco-camisa negra..pero en mujer), me adhiero perfectamente al nivel de exagere de sus canciones:


Otro que me fascina y que escucho en los momentos de álgida melancolía es Javier Solís. Es por culpa de mis padres, son fieles fans. Insisto, es la mejor voz que ha nacido en este país.


También pasa que algunas que no habían incorporado a mi vida, hoy se hacen presentes y comienzan a adquirir esas características ya mencionadas. Como "Sin documentos" de Andrés Calamaro..."por que buscando tu sonrisa estarìa toda mi vida".


Acábome de enterar que murió Antonio Vega. Ayer pensaba incluir lucha de gigantes en esta selección y no lo hice. Qué mala decisión. La versión de este video me gusta mucho:

lunes, 13 de abril de 2009

La vida pinche, la pinche vida

Y ahora que ya no tengo trabajo no tengo nada que hacer. Pasé un domingo fatal, por que como todo mundo cree que "ando en chinga" me tienen mentalmente con un letrero de "no molestar", entonces, mi celular parece un muerto. Debe ser lo que siente un maratonista después de la competencia -"corre corre corre corre corre.../meta/... y ahora, ¿qué?"-. Ya me veo regresando a mi rutinita diaria, sin el estrés que decía maldecir, pero que ya siento que me hace falta...

Es aburridísimo no tener nada que contar, una anécdota graciosa de fin de semana, o en mi caso, un acto despreciable que denuncie y me llene de quejas.

Lo peor es que todo a mi alrededor parece aburrido y no sé porque justamente cuando todo es aburrido me da por escribir que estoy aburrida y todo es aburrimiento y el aburrimiento me abruma y me sepulta y...qué aburrido. Justo se convierte en una bitácora personal en el momento que no hay nada que contar. El año pasado quien leyera éste blog se habría divertido, reído, burlado, ofendido, espantado, entristecido, o desaburrido si yo hubiera sido menos críptica en la descripción de mi vida, pero, un blog no necesariamente es un diario en el que se viene a contar con pelos y señales el día a día. A veces me da la impresión de que muchos de los que tienen blog escriben más por entrener y recibir aplausos (en lugar de un desinteresado ejercicio personal-profesional), y son muy ingeniosos y elocuentes y maravillosos. Tal vez me gustaría poder postear así. Pero a la hora de la hora me da más la cosa visceral y vengo a aquí a escribir lo que más me revuelve la cabeza. Y en éste instante es que estoy aburrida y ni ganas tengo de narrar tal o cual película, libro, vivencia del pasado, porque todo carece de mi interés ahorita..total, sé que tampoco puedo hacer los grandes chistes ni las magnánimas reseñas. Hubo quien me dijo hace un par de días que el diseño no es cosa de ingenio ni de talento, sino de talacha. ¿Seré no más que una obrera?. No. Simplemente tengo que acostumbrarme a que lo que hago no va de la mano con el tipo de blog que tengo, si un día la ociosidad y la falta de cobardía me lo permiten, subiré estupideces que se me ocurren o muestras de mi trabajo quita-tiempo.

Pero, mientras tanto:

Venga a aburrirse a éste blog, pase ud.

domingo, 29 de marzo de 2009

Jugando con la cámara de Regina

Mi computadora se llama Regina Phalange. Sí, he estado viendo mis dvd de friends el poco tiempo libre que tengo, en lugar de hacer algo productivo como dormir, comer, o beber. Entiendase también que he pasado mucho tiempo junto a ésta lindura de máquina (pero...hasta la belleza cansa). Tonces, he aquí un post de puras fotitos, pura pinche presunción: Mis grandes amores y yo.

Las hijas de mi hermana mayor. Mi niña grande y mi nena casi bebé (porque anda muy celosita con la rima nueva): Ana (que me es casi como una hija) y Sofía.


Mi bebé nueva: Valeria, dos meses de edad. Se asoma asombrada a ver mi trabajo.



Estaba aburrida y...

La tía Cosa
Con dos lados derechos

El más hermoso ser viviente del mundo: Mi Cathy
Soy Gatofila. Muy-muy Gatofila, creo que nunca lo había mencionado.

En ésta foto tengo la nariz roja. Me atacó la gripe. Después de casi un año sin enfermarme y de que mi cuerpo aguantara estoicamente los embates del invierno y de varios muchos virus circulantes de gripientos alrededor, me he enfermado. Pinche fin de semana feo.

Mi prima me choreó una vez diciéndome que la gripa es un llanto no llorado, yo no le creí. Hasta hoy. Tal vez tendría que haber chillado algo, pero no sé, no pude. Lo que una vez fue extrasístole, hoy es bradicardia: Estertor.

viernes, 27 de marzo de 2009

¿Porqué estaré tan irritable últimamente?

Hostil, odiosa, fúrica. llevo casi quince días así. Bueno no, como muchos meses, pero ahora el asunto es exacerbado. Las posibles causas:

A) Tengo mucho trabajo y la presión me estreeessssa. No duermo bien, vivo de madrugada, duermo cuatro o cinco horas diarias (los días que me va "bien").

B)Descubrí de la forma más triste y patética que un amigo mío no es digno ni de la más minúscula confianza. Ya lo regresé al terreno "cuateril", de seguir así lo regresaré al baldío "lo conocí en la chamba", dentro de una semana. Y todo por dinero, el cochino dinero. Nunca voy a enteder como la gente se mata trabajando y no VIVE (uy, sé que me contradigo con lo de arriba), pero en el caso específico de él, no habla de otra cosa. "Este frelance, aquel freelance, todos vamos a morir, nos van a correr, qué vamos a hacer, a cuánto cobro esto, quiero meterme a este proyecto". No tengo nada en contra de la gente así. Pero cuando me piden un favor con metiras y engaños para lograr el puritito interés económico (y ya de paso chingar), yo me siento muy mal, siento como que le ponen signo de pesos a la amistad. A raíz de este suceso me he puesto a pensar en todas las veces que le he prestado dinero, ayudado, regalado algo. Es horrible ponerse de cuenta chiles con un amigo, antes no me importaba. Por cierto, y si lo lees "examigo", me choca, me purga, me revienta, que esperes a que vaya a comprar cigarros para pedirme uno, dos, tres, cuatro o más, diarios. Ya, si quieres ser vicioso págate tu adicción, estoy basante cansadita de que nos talonees los cigarros (porque además la lindura de muchacho trae cajetillas que deja a propósito en su auto).

C) Mi padre envejece. Me empieza a dar miedo el futuro. A diferencia de mi adolescencia cuando todo era prometedor y lejano, hoy veo a mis padres achacosos y el tiempo se me cae encima. Mi papá chocó antier, en cuarenta años ha chocado dos veces. Sé que no fue culpa suya, basta saber contra que chocó: el auto tiene un inconfundible rayón verde en ambas puertas de lado izquierdo. Un puto microbús, puto, puto y reputo conductor adolescente de microbús. Los tipetes que iban con el "chofer" quisieron amedrentar a mi papá y no sé que tanto le dirían, el no nos contó porque para él eso es hacerse el chillón. Y fue un problema ocn el seguro y casi se van a la delegación. No pasó nada más, sólo la perdedera de tiempo, coraje, y pago de deducible. Mi papá ya no quiere conducir de noche, no ve bien, y con esto menos. Está enflacando, creo que estamos a punto de tener el mismo peso.

D) Es primavera. De pronto estás en un lugar caliente. Qué horror. Y no hablo de la temperatura del ambiente, sino de algo como esto. No sé que me "pone" más si el invierno o la primavera. En invierno que porque hace frío y toda la gente desea estar en su casa, bebiendo chocolate, acurrucándose al ser amado (o a lo que se deje), y hacer cositas. En cambio en la primavera la ropita delgadita, la onda calurosa, ese sudorcillo incómodo de las tres de la tarde, esa urgencia por quitarse la ropa, ese cielo azul, ese cantar de los pájaros...Me pasa como al sujeto de rojo de éste video. "Five...to be lying, six months...Its not all bad, Im learning to appreciate the smaller things in life: like the song of a bird, the color of the sky"...

E) ¿E?. El Orange crush ha sido, es, y será un c-r-a-s-h. Pero qué bonito lo cripteo, caray.

Mientras escribo esto, tembló. La mayoría está demasiado dormida para darse cuenta. Ni en los periódicos ha salido la noticia, pero resultó muy eficaz la página del sismológico nacional. Por si un día quieren saber si es que han bebido demasiado, o tienen sueño, o están embarazadas, o les hacen falta vitaminas, o sólo es un temblor más que aqueja al querido Distrito Federal, y lo ueiren corroborar de YA. Por un momento pensé que me estaba mareando. Qué bueno que no.

miércoles, 25 de marzo de 2009

D.F. Blues (o de cuando la gente se proyecta con un libro)

Tokio Blues. Me lo regalaron en mi cumpleaños y lo he leído dos veces. La primera vez me deprimió, me recordó a Mario, quien justamente hoy cumpliría 29 años. Yo prefiero acordarme de él en sus cumpleaños que cuando llega el aniversario luctuoso. En las primeras páginas del libro, Watannabe (el protagonista) pierde a su mejor amigo de la preparatoria cuando éste se suicida.

Por otro lado, tiendo a proyectarme mucho con las historias, personajes, anécdotas, del cine, la literatura, la televisión (¿alguien no?). Hoy que estaba leyendo el libro, me encontré con una situación similar a lo que me ha pasado últimamente.

"A las tres y media me dijo que tenía que irse, que había quedado con su hermana en Ginza. Los dos caminamos hasta la estación del metro y allí nos despedimos. En el instante de separarnos, ella me introdujo una hoja de papel doblada en cuatro en el bolsillo del abrigo. Me dijo que la leyera al regresar a casa. La leí en el tren.

'Te esto escribiendo esta carta aprovechando que has ido a comprar unas Coca Colas. Es la primera vez en mi vida que le escribo una carta a alguien que está sentado en un banco a mi lado. Pero es la única manera que he encontrado para comunicarme contigo. Por que apenas escuchas lo que digo, ¿no es cierto?

Hoy me has hecho algo terrible. No te has dado cuenta siquiera de que he cambiado de peinado, ¿verdad? Después del tiempo que he tardado en dejarme crecer el cabello, a finales de la semana pasada por fin logré hacerme un peinado más o menos femenino. Pero tú no te has dado cuenta. Y yo que pensaba que estaba bastante mona y que, después de estar tanto tiempo sin vernos, te sorprenderías...pero no te has fijado. Esto es el colmo, ¿no crees? Quizá no recuerdes que ropa llevaba puesta. Yo soy una chica. Por más cosas que tengas en la cabeza, ¡podrías prestarme un poco de atención! Hubiera bastado una frase del estilo "Te sienta bien este peinado"

Por eso te he dicho una mentira. No es cierto que haya quedado con mi hermana en Ginza. Hoy pensaba pasar la noche en tu casa. Dentro del bolso llevo la pijama y el cepillo de dientes ¡Ja Ja Ja! Parezco idiota. Si no me has invitado...En fin, te importo un rábano, y por lo visto quieres estar solo, así que te dejaré en paz. Quémate las cejas pensando lo que te dé la gana.

No creas que estoy enfadada contigo. Sólo estoy muy triste. Porque tu has sido muy amable conmigo y yo no he sabido ayudarte. Tú siempre estás encerrado en tu propio mundo cuando llamo a la puerta, "toc, toc", te limitas a volver la cabeza antes de encerrarte.
Ahora te acercas con las coca colas. Parece que tienes la cabeza en las nubes. He deseado que tropezaras, pero no te has caido.
Ahora acabas de sentarte a mi lado, te está bebiendo la Coca Cola a sorbos. Deseaba que al volver hubieras caído en cuenta y me dijeras: "¡Anda, pero si te has cambiado el peinado!". Pero no ha habido suerte. Si te hubieras fijado, habría roto esta carta y hubiera dicho "vámonos a tu casa. Te haré una buena cena. Y luego nos iremos a la cama los dos muy juntitos.". Pero eres tan insensible como una plancha de hierro.


Adiós.

P.D. A partir de ahora, aunque me veas en clase, haz el favor de no dirigirme la palabra.'

La llamé por teléfono desde la estación de Kichijoji, pero no respondió nadie. Cuando fui a hacer la compra para la cena, volví a telefonear a Midori. Contestó su hermana y me dijo que Midori todavía no había vuelto y que no sabía cuando regresaría.

...

La en la clase del miércoles. Vestía un jersey del color de la artemisa y las gafas obscuras que acostumbra llevar en verano. Estaba sentada en la última fila, hablando con una chica bajita con gafas que había visto antes. Me acerqué y le dije que, después de clase, quería hablar con ella. Efectivamente el peinado de Midori era mucho más femenino que tiempo atrás.

-He quedado.- Negó con la cabeza.
-No te entretendré mucho. Sólo serán cinco minutos- dije.
Midori se quitó las gafas y entornó los ojos. Parecía estar mirando una casa en ruinas a cien metros de distancia.
-No quiero hablar contigo. Lo siento.
La chica de las gafas me miró como diciendo: "No quiere hablar contigo, lo siente".

Me senté en el extremo derecho de la primera fila, atendí a las explicaciones del profesor (generalidades sobre la obra de Tenneesse Williams y su importancia en la literatura americana), y una vez que terminó la clase, conté despacio hasta tres y volví hacia atrás. Pero Midori ya había desaparecido.

Sin duda, abril es el peor mes para estar solo. En abril, a mi alrededor todo el mundo parecía feliz. La gente se quitaba los abrigos y charlaba en los rincones soleados, jugaba a la pelota, se enamoraba. Yo estaba completamente solo. Naoko, Midori, Nagasawa: todos se habían alejado de mí."