jueves, 19 de febrero de 2009

Los extraños designios del blog

Emilio escribió un post lleno de verdades: a veces pareciera que estamos cerca del ocaso blogueril. Blogs nacen, se tornan *aburridos*, se llenan de redundantes anécdotas, se vacían, se espacian, el autor /a se enamora y lo abandona, se da en la madre y regresa buscando consuelo, termina cansándose de él, ha pasado la euforia del inicio, requiescat in pace.

Lo mismo sucede con los lectores, seguramente se hartan de leer, no tiene tiempo de, esperan reciprocidad, descubren con el paso del tiempo que en realidad odian al bloguero que leen y que si lo conociesen le escupirían el rostro por obtuso...¿no les ha pasado eso?, primero AMO tus letras-luego ¿te hicieron una lobotomía?. Ó un “me encanta cómo habla este güey de la melancolía...(tres meses después)...chale, alguien llévele prozac”.

Desde que abrí la maraña la lista del blog roll fue creciendo y no borré a ninguno. Admito que no soy muy cuidadosa y no lo he actualizado desde hace meses, y el criterio para agregar blogs fue cambiando con el tiempo, empezó con los blogs que solía leer hace años (españoles), luego empecé a añadir a mis amigos, blogueros que me comentaban y yo a ellos (justo como lo describe Emilio), luego a los que fuí conociendo en reuniones blogueriles, y luego se me olvidó. Ya no sé cómo re-organizar mi blogroll. También he pensado en que ya chole con el diseño de este espacio "¿es diseñadora y tiene un template tan austero?", sí, lo sé, soy una huevona. Espero que en las próximas semanas pueda cambiarle la fachada y organizar-renovar mis links.

Extraño la época de hace justo un año. En la que la espera se llenaba de ansias por la tardanza de alguno con su post. En la que escribíamos más seguido, porque aquí vertíamos nuestros secretos, miedos, anécdotas, amores torcidos (en el caso de los que funcionan a modo de bitácora personal). Soy el mejor ejemplo de ello: con un putero de trabajo a cuestas y una mente inundada de obsesiones, poco puedo postear y menos aún dar el roll como antes lo hacía, hoy soy consciente de que hay miradas que analizan, juzgan, critican, apoyan, se preocupan (y luego con eso de que hubo quienes vinieron a dar con mi blog...). Ahora que he construido lazos de amistad con algunos, hay veces que de antemano sé de qué van a escribir y viceversa.

Sé que mi estado de ánimo de los últimos meses ha sido depresivo y hartante. Yo misma me he hartado de mí. Esto obedece a una inquietud que traigo en la cabeza desde hace algún tiempo, pues me dí cuenta que algunos que tenía linkeados me han borrado de sus listas. Ni hablar, uno no es monedita de oro.

domingo, 15 de febrero de 2009

El abuelo

De joven le decían el Palomo, porque siempre vestía de blanco radiante. Era un cabroncito de 94 años. Bebedor, mujeriego y sarcástico burlón. Mi madre dice que sabía beber, jamás se "perdía" ni hacía "desfiguros". Tocaba la guitarra y cantaba, según él, ése era el método infalible para conquistar mujeres.

Mis tíos me contaban de niña que él jamás les pegó o los insultó. Que todo se los decía con la mirada, esa mirada lasciva y dura, que de buen humor (su estado más predominante) se convertía en una extraña combinación de jocosidad y desfachatez. Siempre bromeaba. Siempre se reía.

Era obvio que a mis infantiles ojos, mi abuelo era un ser completamente ajeno a lo que el cánon de un abuelito tierno y dulce debería ser. No recuerdo un abrazo o algún diminutivo cariñoso. Si acaso me gritaba que dejara de juntarme con las niñas "piojentas" y los chamacos "pata rajada" del pueblo. "Oye tú, chamaca, tráeme mi medicina". El nos bautizó a mis 15 amigos y a mí como "la palomilla". Las imágenes que tengo de él en aquellos años son montando su yegua cuando regresaba de ordeñar vacas, recogiendo la milpa, peleando con mi abuela, tomando mezcal.

Con el paso del tiempo fui conociendo más de la historia familiar, y automáticamente le achaqué al abuelo todos los conflictos, penurias y deficiencias sentimentales de sus hijos. Y eso incluía el carácter explosivo de mamá y por lo tanto el mío. Hasta estos días me doy cuenta que no debí hacerlo. La circunstancia en la que crece una persona no debería definirla para toda la vida, y aunque mi abuelo cometió muchos errores, no es el responsable absoluto de las *extrañezas* de su prole.

Me gustaba platicar con él y escuchar las disparatadas frases que hacían reir a todos. Sin embargo muchos años lo juzgué, lo taché de irresponsable y desapegado. Justo en los últimos dos años, cuando dejó de caminar bien (y a la postre usara silla de ruedas) yo preferí no irlo a ver. No me gusta ver a la gente enferma, decadente, no sé qué decirles, no me gusta sentirme hipócrita y dar esperanzas que de antemano sé imposibles. Me deprimo. Preferí no ver a mí abuelo para no sentirme mal YO. Actué de la misma forma en que él lo hizo hace tantos años con sus hijos.

Es un poco una mentira que yo no fuera cercana a él, eso quise pensar, engañarme, para no sufrir su muerte. Lo primero que le dije a una persona cuando en octubre que fuí al pueblo antes de mi cumpleaños (y que sería la última vez que viera a mi condenado abuelito), era que me estaba divirtiendo mucho sentada en el pórtico de la casa con él, tomando una cerveza y oyéndolo decir 3 groserías en la misma oración, siendo sarcástico con mis atarantados primos pequeños...De pronto esa tarde de sábado mi abuelo me preguntó después de un largo rato de silencio “Oye, pero tú estás bien ¿verdad?, ¿estás contenta en tu trabajo con esas cosas raras que haces del dibujo y la computadora?...le dije que sí, que no podría quejarme mucho en ése respecto. Me preguntó cuanto ganaba y si no me trataban mal en la chamba, si era justa mi paga. Se sintió aliviado cuando le dije un forzado sí. Me encantó estar toda esa tarde mientras atardecía hablando así con él.

Lo que nunca hice fue decirle que lo quería, cómo él no era cariñoso conmigo yo no lo fuí con él. Mi cariño no estaba basado en actos que realizara, en que me abrazara, o me comprara dulces. Sino en el simple hecho de ser mi abuelo y darme cuenta sólo hasta el final, ya con su ausencia, lo mucho que me parezco a él. Le pedí a mí abuela que me regalara sus lentes obscuros y ella accedió sin decir nada. Son muy parecidos a los míos. Murió demasiado rápido para un hombre que era tan fuerte, mi madre y yo queremos pensar que estaba cansado y no quería dar molestias. Mi prima Alexia tiene 13 años y vive en el pueblo, ella me contó que mi abuelo tenía miedo de morir y contínuamente le decía que le cambiaba su vida, que quería ser un niño de nuevo, que quería casarse con una chica de 15 años que fuera bonita y tuviera ojos verdes.

Se alteraba cada vez que escuchaba la campanas de la iglesia doblando por alguien, sabía que su generación era ya escasa y cuando alguien contemporáneo moría, pensaba que su turno era el siguiente. También supe que algunas de sus últimas palabras fueron el nombre de mi madre, él quería desesperadamente despedirse de, lo digo con toda seguridad, la hija que más lo quería y a quien más quería. En la madrugada que murió yo no podía dormir, después de la llamada con la noticia, mi casa se llenó de caos. No lloré, traté de consolar a mi madre pero no me lo permitía. Pensé que no estaba triste y que no debía estarlo, sin embargo no podía dormir, pasé dos días enteros sin dormir y casi sin comer. Por fin pude llorar el día que lo enterraron, cuando me dí cuenta de todas estas cosas mientras iba en una carretera huyendo del duelo familiar.

El último año de la universidad tuve que comprarme una cámara porque parte del plan de estudios era grabar documentales y cortometrajes de ficción, todo ello para aprender el lenguaje cinematográfico. Cuando terminó aquel trimestre pasé un mes entero en casa de mis abuelos y grabé la rutina y las cosas aparentemente más insignificantes, fue un mes muy feliz. Hoy estuve viendo esos videos: mi abuelo caminando, quedándose dormido mientras veía la tele, mi abuelo tomando a escondidas, meciendo en una hamaca al menor de sus nietos, carcajeándose, regañándome por andar con mi *aparatejo del demonio* grabándole . Extrañaré mucho a mi abuelito. Ya no veo tanto sentido ir al pueblo, hasta ahora me doy cuenta de lo esencial que era. La semana pasada, cuando levantaron su cruz, me dolió estar en la casa en la que aún hay polvo de él, olor, cabello, ropa suya sin lavar, la silla de ruedas abandonada en una esquina, su buró con medicinas. Todo eso desaparecerá...

sábado, 31 de enero de 2009

No sé cómo decir adiós

Hace 24 hrs. me enteré. Mi abuelo materno murió. No he dormido desde entonces. No estoy tan triste como imaginé que iba a estar llegado éste momento.

Los días no estarán impregnados de su ausencia para mí, no le veía seguido, no conviví mucho con él. Vivió toda su vida en Guerrero. Éste mes ha estado lleno de noticias similares en mi entorno, amigos con duelos y familiares enfermos. De hecho el mismo día en que nació mi sobrina, un amigo supo que la vida de un sobrino suyo pende del delgadísimo hilo que una probabilidad de éxito del 5% puede cargar.

Los velorios nunca han sido lo mío (y me imagino que lo de nadie). No entiendo muy bien cómo funciona eso de los duelos. Al ir a un funeral y ver a una familia destrozada en llanto, gritos y conmoción me altera. Nunca faltan algunos hipócritas colados a los que les gusta lucir bien llorando como perros que llevan sin comer 5 días y pasan frente a una carnicería. Detesto eso. Fingir dolor al extremo para ganarte al público.

Otros no lloran, no hablan. Eso suele desconcertarme más. Algunos ríen y cuentan chistes o anécdotas que en nada tienen que ver con el fallecido, como si distraer y evitar hablar del contenido del ataúd a tres metros de distancia fuese el reto de la noche.

A lo largo de mi vida he hecho todo lo anterior en mayor o menor grado. Tengo la impresión que los funerales con escaparates individuales donde todos nos observamos para ver que hace o deja de hacer otro y así saber cómo comportarnos. Tengo la fortuna de que nunca ha muerto nadie a quien yo ame de manera escencial. Me explicaré: nadie cuya presencia en mi vida sea irreparable. Mis tíos, abuela paterna, primos, mi amigo de la prepa. Los quiero, pero en mi cotidiano existir no eran imprescindibles (sé lo egoísta que esto parece). Considero que las muertes que más me pudieran calar y que no caben ni en la pesadilla más cruel que pudiera dominar mi mente, serían las ausencias de mis padres, hermanas, sobrinitas, mejores amigos.

Mi abuelo ya no está y no va a estar más. No encuentro sentido a ir por cumplir un convencionalismo social, para que me vean llorar “mira qué triste está la nieta de Hermilo, ¿de cuál de sus hijos es?, ah sí, es de Olga... pobrecita, debía quererlo mucho”. O para que me vean en posición de mimo “mira qué extraña es la nieta de Hermilo, ¿es la hija de Olga, no?, se ve que está aquí a la fuerza, ya casi no venía al pueblo”. O para que me vean intentando “ayudar” con graciosos buenos modos los ánimos de otros “mira qué loca está la nieta de Hermilo, es hija de Rebeca seguramente, vivir en la cuidad de México debe tenerla así, los jóvenes de hoy no saben respetar...”.

Creo que ya ni sé cual era el sentido original de éste post. Tal vez necesite dormir o fumarme otra cajetilla de cigarros.

miércoles, 28 de enero de 2009

Un día nada ordinario: la llegada de Valeria

De ahora en adelante siempre recordaré éste día. Seguramente en años venideros me quejaré por tener que asistir "a la de a huevo" a sus fiestas infantiles de cumpleaños. Ni modo. Soy la orgullosa tía de una chiquilla cachetona de ojos enormes.

La primogénita de mi hermana nació hoy a las 2 am., después de nueve meses-ocho días de matrimonio, de casi dos semanas de suspenso y 10 horas de labor de parto. 3 kilos ochocientos gramos...¿en qué cabeza cabía la posibilidad de un nacimiento natural?. Tuvo que ser cesárea. Se parece a la familia de su papá. Fabiola, la hoy cansadaincreíblementefeliz madre, quiere llamarla Valeria (lo cual encuentro un poco injusto...desde hace años yo reservé el nombre de "Valentina" para alguna probable hija mía, justamente me sentí Mónica Geller cediendo su nombre para niña: Emma. Me gusta Valentina porque adoré el personaje de Irène Jacob en "Tres colores: Rojo" y no como equivocadamente piensan muchos...por mi severa adicción a la salsa Valentina).

Tardé en llegar al hospital gracias al concierto de "Luismi"...Recordé el tiempo en el que solía andar por las Lomas cuando trabajaba de freelance en agencias de publicidad, pensaba que quería trabajar de planta, qué error. El tráfico infernal, los oficinistas, los trajeados mamones, no. ¡No!. El pedregal ya no me parece tan malo junto a eso.

Estuve gran parte de la noche recorriendo Reforma, encargos y encomiendas a casa de la otra hermana, pasé 3 veces por el Ángel. Tan bonito él (¿o ella?, ¿cómo deberíamos decirle?). Eso me hizo pensar en el concurso para el logo turístico de la ciudad de México, el intento más deprimente de diseño que he visto en años. Si sienten curiosidad por ver la horrendosidad de, chequen éste link. Si quieren participar en la re-elección de tal (porque descalificaron 3 por ausencia de derechos de autor-entre otras cosas-), vayan aquí. De regreso a casa, más o menos a las 4 de la madrugada, me tocó ver el centro cómo nunca antes lo había visto, estaba completamente vacío de autos o gente. Cuando he andado por esos lugares a esas horas es fin de semana y hay otro tanto de alegres bohemios saliendo del bar/cantina/antro. Ví algo extrañísimo: una pareja caminando de la mano en Bellas Artes y un lector interesadísimo en su libro sentado en el Hemiciclo a Juárez, en medio del frío y el silencio de una noche de enero.

jueves, 22 de enero de 2009

El curioso caso de Forrest Gump the second

Pensaba derramar decenas de párrafos donde expusiera porqué mientras veía "The curious case of Benjamin Button" sentía ráfagas inclementes de déjà vus. Pero no hará falta. Encontré este excelso video que lo explica todo:



Si no se ve, sigan éste link, vale la pena.

Para gente cursi que dice que no es cursi (algo así como yo), la película es motivante, nostálgica, linda, con filosofía de la vida y el paso del tiempo, y bla bla. Pero para gente sin alma y que siente repudio hacia el género humano (algo así como yo) la película está llena/atascada de pretensiones.

El filme tiene 13 (sí, 13) nominaciones al Óscar. Aún no lo creo. Chale, ¿no se supone que los escritores se reinventan?, el guionista de una es el mismo de la otra, Erick Roth, por lo tanto ni siquiera lo podemos acusar de fusil vil. ¿Será que así por fin Brad Pitt gane un Óscar?. Bajo otras circunstancias me hubiese encantado ver tan laureada a la macuerna David Fincher - Pitt. Seven y The Fight Club son películas que crearon toda una ola de clichés cinematográficos importantísimos.

Destaca una sutil, muuuy sutil crítica al gobierno de Bush, cuando un relojero habla acerca de la muerte de su hijo en una guerra. Otra es que la historia se desarrolla mayoritariamente en Nueva Orleans desde los años veintes hasta el fatal (¿o "la fatal"?) Katrina.

Espero con ansias locas Slumdog Millionaire. A ver si Danny Boyle salva a los óscares.



ACTUALIZACIÓN

Ya me acordé que sí hay algo de lo que podemos acusar de plagio. Mientras leía "Tokio Blues"(¡gracias!), uno de los personajes, Midori (la ADORABLE Midori-nótese mi proyección-), tenía una frase que resumía su existencia:

"la vida es como una caja de chocolates, nunca sabes lo que te va a tocar" ¡¡¿¿¿???!!.

Y yo inmediatamente sin reparo y sin pensar (así como suelo reaccionar), me dije "seguro a Murakami le encantó Forrest Gump". Pedazo de imbécil que soy, Tokyo Blues se escribió en los ochentas...Así que más bien Roth es fan de Murakami. O se fusiló a Murakami.

lunes, 19 de enero de 2009

Promesas rotas

Hace algunos años fuí a la cineteca a ver "Promises", iba sin saber siquiera de qué demonios trataba y se convirtió uno de los mejores documentales que he visto.

El eje central son las entrevistas que a lo largo de dos años les hicieron a niños palestinos y niños judíos que viven en Jerusalem. El escuchar de viva voz las infantiles (pero no tan inocentes) crónicas, me ayudó a entender el gran-GRAN-gran problema entre ambos pueblos, los dos arrastran un conflicto que parece eterno, "la razón es mía, y únicamente mía", profesan dogmas increíblemente estrictos con los que intentan argumentar la legítima propiedad de Palestina. "Ojo por ojo y diente por diente", es el lema que al ser llevado a la práctica desde hace tantos años, ya es imposible señalar quien tuvo la culpa inicial, quien lanzó la primera piedra.

Entre los niños que salen en el documental, hubo unos gemelos judíos que me parecían los más justos y parciales: Yarko y Daniel. Tal vez ello era resultado de ser nietos de un hombre que logró sobrevivir al holocausto y decidió radicar en Israel para alejarse del lugar donde experimentó lo más parecido al infierno. Todo ello mermó su fé convirtiéndolo en ateo, no creía en un Dios que hubiese permitido tanto dolor a su propio pueblo. Por lo tanto sus nietos no poseían esa terquedad absurda de un fanático. En las entrevistas hablaban de que en una guerra no hay vencedores, hay muertes y sufrimiento en ambos lados. Temían a los ataques terroristas, se estresaban siempre que subían a un autobús, cuando estaban en un lugar público, les temían a los árabes pero no hablaban de deportación, exterminio o guerra como medios para solucionar el conflicto. Ellos fueron los únicos niños judíos que aceptaron sostener un encuentro con los árabes. Al ser testigos de las infames filas y chequeos que tiene que hacer los palestinos para pasar de un lugar a otro exclamaron "es injusto, ésta también es SU tierra". Vieron las pintas que hubo en la intifada anterior, las proclamas de Hamas, los huecos dejados por las armas israelíes, escucharon el testimonio de un niño árabe cuyo hermano fue asesinado por arrojar una piedra durante la intifada, era un niño que regresaba de pastorear ovejas. Jugaron todos juntos, comieron platillos árabes, fueron recibidos con hospitalidad y a pesar de que se sintieran incómodos en algunos momentos (como cuando les recomendaron no hablar hebreo), comprendieron el hecho más importante, lo que su propio gobierno parece no entender: "si estuviéramos en su lugar, de este lado de la ciudad, nos sentiríamos igual que ustedes y despreciaríamos a los judíos".

El encuentro resultó motivador, por que tanto judíos como árabes saben que no son ellos los asesinos, ni los que mueven los hilos de la conveniencia propia por encima del vecino. Son el gobierno Israelí, y los fanáticos musulmanes los que han provocado semejante madeja de rencores (desde mi punto de vista más culpa tienen los primeros). El documental deja abierta la puerta a una solución, a no perder la esperanza. Los niños árabes siguieron comunicándose con los gemelos judíos, pero se fue perdiendo el interés.

Al estar buscando videos relativos a éste documental (para compartirlos en el blog) encontré unas entrevistas realizadas en 2004 a algunos de los participantes. Dichas entrevistas forman parte del DVD. Fue triste y muy decepcionante enterarme que aquellos gemelos centrados y objetivos, Yarko y Daniel, engrosan hoy la filas del ejército israelí (son los chicos árabes los que estaban más cambiados, menos radicales, más dispuestos a la negociación, algunos no claman siquiera al gobierno por sus tierras, sólo quieren poder viajar por Palestina libremente, sin check points, ni tratos criminales). Fue como cerrar la puerta que el hermoso día de juegos entre niños había dejado abierta. Sería imposible que hoy, después de los inhumanos ataques a Gaza, los jóvenes árabes accedieran a ver a dos militares y más difícil aún la acción contraria.





Hace poco leí en el periódico que científicos descubrieron (aunque a mí me parece algo bastante obvio) que la alegría la felicidad son algo que se contagia. Yo creo en los opuestos de todas cosas -me parece una ley universal-, por lo tanto considero que el odio, el rencor, y la estupidez son también actos contagiosos. Donde haya un imbécil con fanatismos absurdos, odios arcaicos, e ideas obtusas, no lo duden, pronto habrá más (y en estos momentos me refiero a los judíos).

miércoles, 14 de enero de 2009

Todo se me descompone (o la tecnología no es para gente como yo)

Además de la vida. El martes 13 eché a perder de la manera más estúpida (¿en mi caso hay otra?) un disco duro de 350 gigas. Eso no fue lo peor, en él estaban alamacenadas fotografías de los últimos dos años de mi vida, mi carpeta de trabajo organizadísima al fin, el respaldo completo de mi último trabajo, videos, etc, etc, etc. Me sorprende lo frágiles que son los armatostes hoy en día.

En diciembre, pensé que mi ipod había valido madres. Hermoso aparatejo que hace tres años me parecía increíble poseer. Todos los videos que vería en él, la música, adiós pilas AA, adiós porta cd's, adiós horas de asqueroso aburrimiento en filas bancarias, carreteras, microbuses, adiós, adiós para siempre. Y a la mera hora no. No sé a qué pudo deberse, pero nunca los videos ni las películas que le bajé al ipod. En el banco o en el metro prefería ir viendo a la gente, no perderme la anécdota del día, la crítica mala onda, andar de metiche en pláticas ajenas...cómo perderme eso. Me gusta el ipod, pero no cambió mi vida ni mi relación con la música al grado que imaginaba, sólo la facilitó. En enero el werapod se "compuso solito" creo que era un desperfecto de la batería que se arregló al momento que se descargó completamente y pasaron algunos días. Sin embargo ya tiene la edad de tres años, y lo siento viejo, cansado, agotado, obsoleto. Se intimida al verse cerca de un ipod touch, no mencionemos un iphone. Y tan pequeñito, la hoy ridícula capacidad de 30 gigas. Yo pensé que estaríamos juntos más tiempo que mi encanto por él sería interminable.

Mi celular. Esa gran decepción. Sí, el diseño muy bonito, pero la batería se jodió al mes, tengo que cargarlo cada día y medio y siempre estoy olvidando el cargador. La cámara de 1.5 pixeles ya la veo paupérrima. Todo en él está oxidado y tiene poco más de un año. Mi hermana tiene un celular nokia del lejanísimo 2001, me he burlado de ella hasta el cansancio. Estoy a punto de darle la razón: "este celular tendría recepción hasta en el cráter del popocatépetl, se me ha caído 2356 veces, la batería dura lo mismo que cuando era nuevo, la pantalla es clara y no como la de otros celulares que a pleno medio día con luz del sol no ves ni madres, no he perdido ni un sólo número telefónico, escucho a mi interlocutor fuerte y claro, etc, etc".

Mi cámara. Esa gran rareza. Diez megapixeles parecían no tener paralelo "de aquí a que salgan otras más chingonas, de menos dos años", sí, los dos años ya llegaron. Además, andar cargando una puta cámara en todo lugar "porque puede presentarse la oportunidad de tomar 'la foto'" se traduce en un desperdicio de espacio en la bolsa y la paranoia constante de que sea robada. Además los de Sony son unos calculadores-explotadores que salieron del averno. En una de las únicas fiestas del 2007 en las que no tomé, andaba más distraída. ¿Porqué?, me parece que porque al saberte medio peda pones mucha más atención en todo, estás consiente de tu estado y tratas de que los demás lo noten. Al ir sobria...¿qué podría pasar?. Grave error, olvidé en el taxi de regreso a casa una bolsa con un suéter y el cargador de la batería de la estúpida cámara. ¿Resultado?: mil doscientos pesos menos en mi cuenta, eso costó la chingadera esa. Extrañé las pilas doble AA recargables. ¿Porqué Sony con toda su omnipotencia tecnológica no permite que la cámara cargue la batería al ser conectada a la computadora?. Porque son unas salguijuelas.

Siento que no puedo seguirle el paso a tanta velocidad tecnológica. Ni mi bolsillo, ni mi nostalgia. Y es una desgracia que tal fugacidad no sólo se apodere de los gadgets. Cada día las relaciones humanas se parecen más a la compra/deseo de un aparatejo. ¿Por qué conformarnos con el celular L5657X, si en dos meses saldrá el L6745XZ?, y estamos consientes de que al adquirir uno su paso en nuestra vida es transitorio. No se ajustará a las expectativas del año 2010.

Estúpida tecnología encarecida, delicada, fútil. Un walkman me duró 7 años, un discman más de 6. Mi cámara profesional tiene como 10. Y funciona. Los álbums fotográficos de mi familia tienen mi edad y ahí siguen...

Esta historia...¿continuará?.

lunes, 5 de enero de 2009

El primero

Una de las cosas que más extraño de la infancia es justamente éste día, ésta noche. Hace algunos años tuve la responsabilidad de comprarle algunos juguetes a mi sobrina y he de admitir que lo disfruté muchísimo, era una emoción casi equiparable en intensidad a la de los infantes expectantes, pero de naturaleza diferente. Buscar el juguete exacto, el precio más accesible, sin proponértelo encontrar otro que también le encantará a la criaturita...Pero éste año mi hermana no requirió de mis servicios ni préstamos, es más, fue a comprarlos con su esposo y ni me avisó. Entonces decidí hacer algo en lo que tengo gran desempeño: les compré ropa.

Es justo el momento ideal para adquirirla, llegaron las ofertas post navideñas. Las únicas tiendas en las que he visto y vivido un histeria colectiva similar a la que retrataban las series y películas gringas son justamente tiendas no-gringas, grupo Inditex: Zara y Bershka. Cliente frecuente desde hace una década(por no decir fan cautiva), soy de ésa gente enferma, decadente, y supérflua que que prentende llenar sus huecos emocionales con lino, seda, mezclilla, algón, y nylon. Este año la barata ha sido distinta...sólo está en rebaja la mitad de la tienda, la gente no lleva cerros imponentes de ropa, las blusitas de algodón que acostumbraban costar 100 pesos, hoy cuestan 200. Hasta la ropa y la tela están más pinches, recuerdo con nostalgia los famosísimos abrigos de hace algunos años, ¡qué corte!, ¡qué tela!. Es la única tienda a la que había entrado desde hace casi dos meses, no puedo creer que todo esté tan encarecido, si ésta frivolidad absurda me espanta...prefiero no ir a un mercado y evitar así el desmayarme.

Los menús de restaurantes y cafeterías, todos tachoneados, remendados, etiquetados, ninguno conserva los mismos precios de dos meses para acá. Las vacaciones me sirvieron para tristear a gusto y empezar a salir del bache, pero no esperaba que fuera a base de madrazos económicos también. En fin, aplicaremos la ley del ajo y agua: ajoderse y a aguantarse. Tendré que reencontrarme con ese viejo y olvidado amigo mío: Sr. Freelance. Odio un poco a ese malnacido hijo de la puta necesidad y el mercenarismo oficinil, a veces no es bien pagado y cómo quita tiempo (¡oh invaluable joya!), pero cuando sí lo es, cada peso sabe a gloria.

Regresando al principio, les compré ropa y zapatos a mis sobrinas, pero mi hermana se opone a que les diga que los *Reyes Magos* se las dejaron en la casa de mis padres, se les hará costumbre, y quiere que ellas sepan que se las compré yo. Me conformo con sus atarantadas caritas sonrientes mientras hacen ademanes gustosos y alegres, no necesito un *¡gracias tía!*.

Creo que tengo una especie de complejo de Peter Pan en éstos días: quiero ser niña, por eso me
encanta ir a las jugueterías, ya que los reyes magos no me traen juguetes a mí, por lo menos comprándolos puedo tener una emoción parecida. Hace poco una amiga nos confió que pasa por una severa crisis económica, entre lágrimas nos dijo que no creía poder darles *Reyes* a 3 sus hijos (sí, en la plenitud de los anticonceptivos mis amigos tiene 3 niños 3 antes de sus 30 años), por eso no le gustaba que vieran la tele y por ende los comerciales de juguetes. Su esposo hasta trabaja doble turno. Claudia y yo nos ofrecimos a ayudarla, yo le dije que hiciera una lista y nos viéramos para ir a buscarlos y que yo los pagaría. Por cuestiones de logística Claudia empezó a hacerse cargo de eso (Claudia vive mucho más cerca de ella) y con la ayuda de otro amigo empezó a juntarlos todos, y no tuve oportunidad de comprar ninguno (pero sí de cooperar $$$). Siento que detesto un poco (sólo un poco) a Claudia por acaparar la acción compradora jugueteril. Terminamos siendo 6 reyes magos en lugar de dos, qué bien, pero...¿Por qué siento este deseo inexplicable de querer haber sido la única aunque eso significara haber gastado mucho más?.

Éste es el primer año sin regalo para mí bajo el árbol.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

El último

Éste debería ser el post del recuento. No lo será. Recuerdo que el año pasado quería hacerlo, pero con un blog de tres meses resultaba un intento cómico, hoy con más de un año de existencia no me da la gana elaborarlo. Ya no quisiera releer o reencontrarme con lo que escribí hace unos meses. Ayer platicaba con una amiga y llegábamos a la triste conclusión de que no había mucho que festejarle a este agonizante año. Ya no creo estarme volviendo mejor o aprendiendo más cosas, al contrario, 2008 fue el año de la amarguez extrema y la pérdida de . La gente siempre quiere animarte con un "es que por algo pasan las cosas, para aprender de ellas", yo sólo estoy aprendiendo a ser más desconfiada y cínica.

Yo nunca he celebrado con mucho clamor el año nuevo, me parecía intrascendente, es un día normal, es más, el cambio de año podría ser al término de cualquier mes. Hoy quiero darle ése significado del que todo mundo habla. No será de forma mágica que todo cambie y se renueve, ni me planteo propósitos que puedan llevarme a una apatía o desilusión al no llevarlos a cabo. Simplemente dejar de preocuparme/enojarme tanto por que las cosas no son como yo las deseo.

He logrado estar de mejor humor, me siento más tranquila. Y justo en éste oasis anímico es cuando quiero proclamar un "todo está olvidado". Mañana cuando despierte será, además de un nuevo día, un nuevo año, y habrá quedado atrás todo lo que pasó en 2008, y si ya no hablo de ello, y si ya no lo recuerdo, y si ya no lo menciono, terminará muerto en el pasado(ó eso quiero pensar).

No sé si el próximo año cambie de trabajo, o de casa, o me compre un auto, o salga más de viaje, o crea que necesite de todas esas cosas para sentirme tranquila, tal vez nada de eso pase y no será necesariamente negativo. Pero definitivamente no quiero estar en el mismo lugar, lo que sea que eso signifique.

Gracias a todos por sus comentarios, me sirven de mucho. Ya sé que está choteado, y qué cursilada, y qué original, y bla, bla, pero, deseo profundamente que todos tengamos en nuestras vidas esos ratitos y ratotes de alegrías, optimismo, belleza, suspiros, éxtasis, frenesí, que hacen de esta rutina insufrible con intermitentes sorpresas nefastas del mal, algo más llevadero y disfrutable, la vida, pues. Que haya más cosas bonitas en sus vidas el próximo año.


Una disculpa por andar de grosera y no comentar, pero...si no siento\sentía que tuviera mucho que darme a mí misma, menos podía hacerlo con otros, leo sus blogs pero no comento porque por el momento no me *sale*.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Mismitud decembrina

La navidad ya no nos encanta porque ya no somos niños, ya no somos ridículamente felices con luces de bengalas, juguetes y piñatas. Conforme pasan los años y esa alegría no depende de los padres o las posadas, la cosa se pone más difícil, nuestra alegría depende de nosotros mismos.

Yo sigo mesmamente igual. Espero que mi prima nunca encuentre la liga de éste blog, pero si lo hace, ni modo, mejor que se entere. De verdad, estoy hasta el copete de escuchar tus problemas amorosos, de recibir mensajes diario, de atender llamadas de mínimo media hora, no puedo más. Si salgo contigo y te escucho es por que me precupas y te quiero, pero tus rodeos y analisis me tienen cansada, no sé qué más decirte o aconsejarte, lo que es peor, tu depresión me está deprimiendo más, porque tú no te tomas la molestia de preguntarme cómo estoy, y sí sale el tema lo evitas y de inmediato *switcheas* a lo tuyo...(esto es un poco una nota aclaratoria a éste post, hubo gente que se puso el saco). Además, quieres hacerme ver que tu tristeza es más profunda y terrible que cualquier otra, que tus razones son más trágicas...La plática del lunes me ha dejado muy mal, siento que no necesito escucharte echándote porras tan extravagantes y fantásticas, no era el mejor momento para oirte hablar de romances europeos con un tipo con quien platicas en el messenger, y otro número de coqueteos insensatos que mantienes, sólo quieres elevarte el ego a costa de los zopencos que te perrean y de tu atarantada prima sin conectes en europa o habilidad para el ligue.

Mis vacaciones transcurren como lo supuse. Me acuesto muy tarde, duermo demasiado, me levanto pasado el mediodía, ando en pijama casi todo el tiempo, tengo frío todo el día, no deseo salir, no tengo muchas ganas de comer, mi vida es un desastre. Odio lo auto compasión y la compasión ajena, así han sido mis días y no veo nada de lástima en ellos, es un proceso natural de recuperación, o así lo quiero ver ahora. Había dicho que quería estar sola y mandar al carajo a mis amigos, pero no puedo, me he sentido miserable sola. No es lo mismo sentirse solo que desolado y yo siento lo segundo. Años atrás me salía sola, iba la cine sola, a caminar por los rumbos del centro histórico o a coyoacán e iba sola. Me gustaba quedarme en un café a leer un libro, o en un parque, llegaba a las fiestas sola, así me sentía cómoda, hasta ahora. Me frustra mucho querer estar con alguien todo el tiempo, es como si no soportara estar conmigo misma. Intento ser egoísta y darme este tiempo sólo para mí, pero me está siendo muy difícil, creo que sí necesito a mis amigos como distractores.

Salí en la pastorela, por ejemplo. Lo triste del asunto es que pensé que podría devolverme ese entusiasmo navideño adolescente (sí lo hizo, pero en un porcentaje mediocre), sin embargo me dí cuenta que por un breve -muy breve- instante, tuve un sentimiento que experimenté diez años atrás exactamente, una imagen idéntica al pasado, la misma situación, los mismos personajes, y yo no quiero, bajo ninguna circunstancia, retroceder en mis pasos y decisiones.

El papá de un amigo mío murió el mismo día de la función. Yo no lo conocía. Pero por alguna extraña-o no tan extraña- razón lloré un poco en la funeraria. No sé si: a) por el dolor de mi amigo-empatía-, b)esa especie de reflexión acerca de la fragilidad de la vida que creo que todos tenemos cuando vamos a un funeral, c) porqué pensé que estamos entrando a la edad en que no es tan asombrosa la muerte de un padre, d)porque quería llorar y es el único lugar en el que nadie te va a cuestionar por ello. Bueno, sí sé, todas las anteriores.

Parte de mi crisis es producto de ser la única en casa. Ser el último hijo en el nido pareciera un castigo. Y quiero independizarme (que ya lo soy), pero por otro lado actúo de forma culposa y no quiero *abandonar* a mis padres, pero sus peleas, achaques y depresiones me traen más loca. Tanto así que la navidad ni siquiera la pasé con ellos. Mis dos hermanas se fueron con la familia política y sólo íbamos a estar los tres en casa, mi madre no tomó muy bien el asunto, comenzó a deprimirse (que siempre lo hace en navidad) y cuando mi madre se entristece, se enoja. Sé que estuvo mal no quedarme con mis padres y que parece la revancha de un chiquilla rencorosa, pero no la necesidad de pasar una noche peor que la del año pasado, consolando a mi mamá, aguantándome su mal humor y durmiendo en medio de sollozos a la 1 am, solamente porque soy la más chica y la soltera. El plan no era dejarlos, en realidad sólo quise salirme un rato durante el día, le llamé a un amigo e hice lo que necesitaba desde hace algún tiempo (no, eso no, mentes mal pensadas): me desahogué. Justamente en el mismo parque en el que jugaba de niña, le conté a mi amigo de mis peleas caseras y mi tristeza inconcebible. Una linda fotografía: un parque semivacío, una neurótica en lágrimas, un amigo ecuánime, la tarde del 24 de diciembre.

Después opté por ser un ente rescatado y propenso a ser receptáculo de compasión, mi mejor amiga me invitó a cenar con su familia. La cosa fue rara, jamás había estado sin mi familia en esa fecha...los extrañé un poco, pero entendí lo que mucha gente me ha dicho: "las fechas no son tan importantes", es uno de mis grandes errores, yo les doy una importancia magnánima a las conmemoraciones. Si los veo diario y sé que cualquier día puedo abrazarles (y lo hago aunque a ellos no les guste) y decirles que los quiero, no es asunto de vida o muerte hacerlo en Navidad. Además no era como un bicho raro, había otro invitado que tampoco estuvo con su familia y platiqué con él mientras esperábamos la hora de los abrazos y regalos. No me encontré tan incómoda después de todo, de alguna manera creo que todas las familias se parecen y están llenas de arquetipos como los de un salón de clases de secundaria. El abuelo de mi amiga me recordó mucho al mío, con el mismo velo distraído que le han ido dejando los años.

Mi madre me reclamó un poco al día siguiente, pero en el fondo sabe que estamos a mano, y que tal vez esto fue un adelanto de lo que pasará en algunos años, al menos habrá otra Navidad en la que ninguna de las tres podrá estar con ellos. Mis padres no se han preparado para quedarse solos, quiero motivarlos a que vivan estos años los que no vivieron durante el tiempo que tuvieron hijas que cuidar. Suena horrible, pero es lo que nos va a pasar a todos.

En la tarde ví de nuevo a mis amigos. Hicimos lo mismo que todas las tardes del veinticinco de diemebre: fuimos al cine. Por desgracia y terquedad de los miembros femeninos del grupo, vimos "Rudo y Cursi", creo que un programa de los que hacía Silvia Pinal tiene mejor guión. Lo que sí me gustó (naca que soy) fue ver a Gael García cantando en medio de una estética kitch la canción de "I want you to want me"...cancióncilla de letra pegajosa y sin mucha diversidad léxica, pero cómo me llegó últimamente.

Mañana (al rato) veré a mis amigas de la prepa. Ellas nos saben nada de mi estado de ánimo, y no quiero que lo sepan. Ya no quiero que nadie lo sepa (sí, ¡por eso lo escribiste en el blog!), me he dado cuenta que me gustaba más la depresión anónima. La respuesta no me la van a dar los demás, necesito su compañía, no su compasión.

martes, 16 de diciembre de 2008

Envidia

Hace poco mi mejor amiga, su hermana, y otra amiga, me pidieron suplicantes que corriera a su auxilio. Estaban montando una pastorela, y algunos de los actores que representaban a los pecados capitales desertaron a medio camino.

"Ándale, por favor, sé la envidia"

Este no es el momento para que explique porqué mis amigas montan una pastorela, ni porqué yo había participado en mi adolescencia en algunas, la última vez que "actué" en una fue en el lejano 2001.

No me sentía identificada con la envidia, otra historia sería personificar a la "ira", la "pereza", la "soberbia", o la "gula", me son pecados más representativos y confieso haberlos cometido...pero ¿la envidia?, no pensé que fuera un "pecado" en el que hubiera incurrido. Grave error.

Ahora lo sé, soy envidiosa. Si una de las facetas de la envidia es desear lo que otros tienen (otra es entristecerse por el bien, o alegrarse por el mal ajeno), tal vez de allí venga mi frustración, mi bajo umbral ante la frustración.

Yo envidio a la gente con inquebrantable, admiro que puedan creer, caer, y volver a creer, y depositen todas sus esperanzas en una frase, en una imagen. Cuando a los ciclistas peregrinos que recorren cientos de kilómetros por la en la vírgen de Guadalupe, con la ilusión de que los escuche, que una deidad los conforte, porque creen en algo que los une y los entiende, alguien a quien pueden exigirle, suplicarle, llorarle, entregársele, lo envidié. Envidio a los que creen en Dios (o cualquiera de sus formas) sin vacilar un instante.

Yo envidio la levedad, la de las personas que pueden ser desapegadas, las que no se sienten responsables de sus actos, las que se toman todo a la ligera, las que olvidan, las que superan, las que gritan fácilmente a los cuatro vientos un amor, y tres meses después gritan entusiastas otro nuevo y más excitante que el anterior, las que pueden separar el sexo del amor y la amistad.

Yo envidio a la gente que sabe lo que quiere y lucha por ello, a aquellos que al igual que un peregrino, recorren largas distancias sólo por estar con la persona que quieren, por la promesa de un amor lejano y sólo posible ante el sacrificio.

Yo envidio a la Olga del ayer (no la breeskin, no, esa no), idealista, optimista, y alegre. Últimamente he tenido que dejarla salir un poco , me revienta que me perciban deprimida y "ay pobrecita", "ya verás que pronto pasará", "pero si tienes taaaantas cualidades", "mira a %%%% él está peor " (¿porqué la raza humana parece vanagloriarse y sentirse feliz al percibir que hay alguien que está más amolado?, a mí eso me entristece aún más), entonces, esas personas que están lejos de mí no perciben tal depresión: "¡ella siempre tan bromista y parrandera!".

Envidio a la gente que a pesar de la depresión puede seguir con los planes que tenía programados y eran importantes. El no poder organizar el viaje que era urgentísimo...entre freelances chafas-encargados por zoquetes ineptos y encajosos- por los que no obtuve ni 5 centavos, trabajo de la oficina que era impostergable pero que al final no lo fue tanto y...y...y eso, de lo que no hablo claramente y sólo encripto. Me siento la basura más vil por no hacerlo, me siento egoísta, pero no de ése egoísmo que he dicho desear.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El necesario derecho de ser egoísta

Nunca pensé decir esto con tal convicción: Quiero ser egoísta.

En casi toda mi vida no lo he sido, o no con esa intención. He sido el apoyo, consuelo, consejo, banco, celestina... de casi todos mis amigos. Hoy sé que sólo unos cuantos merecían el título. Mientras yo tuviera una fiesta, dinero, ánimo, alegría, chistosada, amigos (as) a quienes presentarles, nunca me faltó la compañía.

Cuando yo estoy de la fregada, amargada, deprimida, ausente...no hay nadie. O por lo menos nadie que esté dispuesto a abandonar su egoísmo-egocentrismo y anexas por MÍ, y me preste profunda atención, comprensión y apoyo. Sí, esto que siento y demando es producto del rencor, que a su vez es resultado de sentirme con las manos vacías. Quien diga que una persona da sin esperar recibir algo a cambio es un ingenuo. La única relación humana que funciona bajo ése esquema (idealmente) es la de madre-hijo. En todas las demás los participantes desean reciprocidad.

Mis problemas son pequeños e insignificantes comparados con las mortificaciones de la gente que me rodea. Ojalá y yo hubiera pensado así cuando me pidieron auxilio (¡oh egoísmo tardío!).

Están los que saben que estoy deprimida (porque lo estoy) y tratan de ignorarlo como la gente del siglo I evitaba a la lepra. Los que no lo ignoran, pero creen que contarme sus pesares amorosos, económicos, laborales, de alguna forma me hará sentir mejor. No los culpo, tal vez crean que una persona deprimida es el sujeto ideal para escuchar "es que seguro tú sí me entiendes"...¿En qué momento la depresión es sinónimo de pseudopsicología?.

Estoy fastidiada de las preguntas monótonas "¿Cómo estás?"...¿de verdad la capacidad léxica de alguien que estudió la universidad no le es suficiente para comenzar una conversación de otra forma?, de iniciarla con otros enunciados, me evitaría la pendeja mentira conveniente de "bien, ¿y tú?", o la rajonería que tengo 5 minutos diario cuando dejo escapar un sincero "de la chingada, y tú?".

Estoy profundamente decepcionada y me siento increíblemente sola. Sé que no he sido la persona más cordial, y en mi estado de ánimo también circula la excesiva irritabilidad, yo misma me estoy encargando de alejar a la gente. Creo que es lo que necesito ahora, estar sola, saber si puedo sentir la mínima alegría o motivación en la ausencia de factores externos. Sentirme bien sin ayuda de nadie, ni de nada. Sólo conmigo misma.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Yo, crédula

Una de las tantas contradicciones con las que convivo es la esperanza-incredulidad. Por momentos creo en algo con todas mis fuerzas, y después, con gran decepción, le aborrezco. Conforme pasa el tiempo y me canso de maldecir, intentar ser muy racional, práctica, y hasta cínica, mi estúpida fé regresa de no sé donde y todo vuelve a empezar.

Ya me canse. Con este lindo desfile de cerramiento de círculos en mi vida, ¿porqué no agregar uno más?, ¿porqué no terminar con ésta ingenuidad sacada de la pila de libros y películas que han sido mi compañia/guía de vida?. Me tienen asqueada la fé y la esperanza, a tal punto que emulo a Juliette Binoche en tres colores azul, y parezco tranquila y calmada, hasta que me meto a la regadera y las cobardes lágrimas se funden con el agua. Me fastidia aparentar alegría y buenaondez cuando hay días en los que hay más razones para llorar que para sonreir, justo como dice John Coffey en "The green mile" (Milagros inesperados, pues, cómo lloré con esa pinche película):

"I'm Tired of bein' on the road, lonely as a sparrow in the rain. Tired of not ever having me a buddy to be with, or tell me where we's coming from or going to, or why. Mostly I'm tired of people being ugly to each other. I'm tired of all the pain I feel and hear in the world everyday. There's too much of it. It's like pieces of glass in my head all the time. Can you understand?...That's how it is, every day, all over the world. "

Hace una semana estaba esperanzada en que ganara Obama. Hoy, temo en la decepción que tan elevadas expectativas pueda traer. Aquel día de camino al trabajo venía escuchando Nessun Dorma, si hay una melodía que representa la esperanza -para mí- es esa aria. Alguno de mis contactos del messenger me preguntó de quien era la frase que tenía mi nick: "Change will not come if we wait for some other person or some other time. We are the ones we've been waiting for. We are the change that we seek.", le expliqué que eran del candidato republicano a la presidencia gabacha, él no lo sabía. "¿Pues en qué mundo vives?" le interrogué. Contestó con un "es que no me gusta leer noticias, me deprimen".

Y justo aquella noche ocurrió lo del avionetazo. Fue impactante para los defeños, porque la sentimos cerca. Pero tragedias así suceden diario, en todo el mundo...recordé que los periódicos están llenos de ellas, más que de alegrías.

Tal vez sólo soy una persona triste atrapada en un cuerpo que no me corresponde.

martes, 4 de noviembre de 2008

“Son tres personas que nosotros podemos ayudar” -Convocatoria Urgente-

(la “intro” de éste post es el de allá abajito)


Hace dos años mi amiga Michele comenzó a hablarme por el messenger, preguntaba si tenía ropa o juguetes que ya no quisiera. Me explicó que una de sus compañeras de trabajo iba a llevarlos a gente que los necesitara, el asunto me interesó y comencé a cuestionarle. Lupita (la chica que hacía la colecta) llevaba siete años haciendo viajes a provincia para llevar ropa, despensa, y juguetes. Viaja en una caravana de tres o cuatro autos, va con familiares. Yo decidí unirme a Michele y acompañarlos, así habría un auto más. Encontrar el lugar parece ser lo de menos “es fácil toparte la pobreza en México, desgraciadamente donde quiera hay hambre y necesidad”, me dijo la propia Lupita días después.

Fuimos a San Luis Potosí. Ése es frío y no pedazos. Repartimos las cosas en poblaciones cercanas a la capital (no alcanzo a imaginar cómo estarán los lugares más alejados y marginados). Durante el camino me preguntaba qué le diríamos a la gente, si llegábamos y dábamos las cosas así nada más, o qué demonios teníamos qué decir, qué cara poner...¿qué tal si alguien se ofende?, ¿y si nos corren?, ¿y si no les gusta lo que llevamos?. Nada de esto sucedió, todo fue muy sencillo, la escena era más o menos similar en cada lugar. Llegamos primero a una casita con un caballo afuera, no estaba pintada, no recuerdo si era de adobe. Lupita salió de su auto y le dijo a una señora, que curiosa se había asomado a ver quien llegaba, que traíamos unas cosas para regalar y si quería se acercara a ver que necesitaba. No nos preguntó quienes éramos, ni de dónde veníamos, sólo nos sonrió y dijo un tenue “gracias” cuando desde la puerta de su humilde hogar y sosteniendo unas sudaderas y algunas bolsas de arroz y frijoles, nos vió partir.

En las demás viviendas fue más sencillo, parecía correrse la voz y fueron los niños (mitad mandados por sus madres mitad entusiasmo propio) los que corrían a los autos. Ellos prefieren los juguetes, hubo algunos que pretendían engañarnos y se formaban doble. De inmediato empezaron jugar con todo, a ponerse los suéteres, a medirse los zapatos. Zapatos. Yo casi chillé el día que no encontré ese par de precioso diseño que me encantó en Zara, y a ellos sólo les importa que puedan meter el pie. Muchos de los niños estaban con zapatos rotos (heredados de algún hermano mayor), o en el peor de los casos, únicamente con huaraches.

Me sorprendió la facilidad con la que la gente aceptó las cosas, sin cuestionamientos ni exigencias.
Yo no pensé sentirme tan magníficamente bien al hacer lo que puede ser tan minúsculo.

Más que darle algo a esas personas, me lo dí a mí misma. Y sé que tal vez no es nada, que no cambia nada, que parece no significar nada, que no se está modificando sustancialmente una vida, que no estamos revirtiendo la debacle económica. Pero es lo que pudimos hacer, y lo hicimos. Porque hay millones que necesitan ayuda, y nosotros podemos ayudar a algunos.

La cosa está en suprimir una peda, un gustillo superfluo, alguna compra innecesaria que surge únicamente por compulsión. No es nada que se sufra mucho al perder.

No sé aún a que lugar llevar las cosas (vamos, que ni siquiera tengo auto), pero sé que se necesitan chamarras, sudaderas, cobijas, suéteres, y zapatos, dicen que será un invierno muy frío. Si hay éxito con ésta convocatoria, podría sumárseles despensas y juguetes. Queremos realizarlo en este mes, en lugares donde el frío azote más feo.

¿qué dicen?, opinen, ¡¡¡éntrenle!!!
¡¡¡planeémoslo entre todos!!!

ACTUALIZACIÓN

CUANDO EL PLAN YA ESTÉ COMPLETAMENTE ARMADO-ESPERO QUE SEA EL VIERNES-, LO POSTEARÉ. PUEDEN MANDARME CORREOS A: olga.aranda@gmail.com, O SEGUIR DEJANDO COMENTARIOS EN ESTE POST CON IDEAS O PROPUESTAS DE LUGARES A DONDE IR.

¡GRACIAS!


lunes, 3 de noviembre de 2008

Ceguera

Ya alguna vez publiqué mi lista de directores de cine consumados, idílicos, adorados.
Ahora se les une Fernando Meirelles. Ganó su lugar con la adaptación del libro de Saramago “Ensayo sobre la ceguera”. Escenas brutales, vívidas, observé lo que sólo en mi imaginación tuvo manifiesto al leer el libro, la crueldad humana, el valemadrismo. Aunque ya una película dirigida por él había llamado poderosamente mi atención:"El jardinero fiel". Una obra maestra. Gracias a ella mi visión de África cambió por completo, al igual que se incrementó casi al infinito mi odio a las empresas farmacéuticas y la medicina occidental. Comienza con el asesinato de Tessa, la esposa de un diplomático de la embajada británica en Kenia. Aparte de la historia de amor llegadora y dramatiquísima, hay un par de escenas en el filme que son la médula espinal del mismo, sin llegar a ser evidentes para muchos. En una de ellas, Tessa le dice a su marido Justin (guapérrimo Ralph Fiennes), que detenga el auto para ayudar a un niño que lleva en brazos a una recién nacida con VIH y a su hermana, pues tendrán que caminar cuarenta kilometros durante toda la noche para llegar a su casa. Justin se niega y le dice “No podemos involucrarnos en sus vidas, Tessa”, “¿porqué no?” le pregunta ella con desilusión, a lo que él responde “Sé razonable. Hay millones de personas, todas ellas necesitan ayuda. Es por ello que están las agencias”.

“Sí, pero éstas son tres personas que NOSOTROS podemos ayudar”. Fue la réplica final de Tessa.

Para mí, es una de las razones de ser del arte, la confrontación con la realidad de otros, la de mostrarnos la subjetividad de alguien más y volverla propia, hacerla nuestra perspectiva. Hacernos más humanos.

En el caso de ésta película de Meirelles, el mensaje que me dejan es el de “despertar”, y coincidentemente con su última película, abrir los ojos y ver “de verdad”...Gracias, Fernando.