miércoles, 9 de junio de 2010

Aterrizaje

Si bien regresé a México hace más de un mes, no fue hasta hace un par de semanas que me sentí en casa. Y decir que me siento en casa lo digo más por costumbre que por convicción.

El viaje trajo consigo esa sensación que tuve bajo el efecto de una poderosa anestesia, la misantropía, que había sido mi fiel compañera desde hace algunos años. Siendo sincera suelo recurrir a la misantropía cuando en mi vida no puedo encontrar una alegría motivante aunque sea mediocre, o al revés, cómo se puede sentir un momento de genuina felicidad si ve uno un noticiero o lee un periódico. Cómo no sentir repudio a mi propia especie si muchas veces nos percibo peores que una manada de bueyes, ignorantes por convicción, inconscientes por conveniencia, ridículos por aceptación, crueles por egocentrismo. Me parece que muchos estamos deambulando, precisamente, como pobres animales sin mayor guía que el dinero con su ilusión de poder y un gobierno con su la cultura barata. Creo que ha sido demasiado alto el precio que pagamos por las facultades racionales. A la vez que éstas nos conceden superioridad intelectual, a algunos también nos permiten apreciar bajo un esplendor horriblemente nauseabundo la gravedad de nuestras atrocidades. Qué no daría yo por la dulce ignorancia del idiota.

A la par de una crítica encarnizada a la humanidad, y casi como remedio curativo, surgió la resignación y el perdón. Es cuando puedo apreciar otras cualidades. La genialidad, ése don de unos cuantos. Es gracias a ellos que no es un desperdicio encontrarnos en la tierra. Es en honor a ellos y sus obras que no siento vergüenza por mi condición humana, a sabiendas de que estoy tan lejos de tal grandeza como alejado está México de la Copa del Mundo. Por genialidad no sólo considero los logros de las artes y las ciencias. Lo son también algunos sentimientos que surgen sin que estén condicionados por la supervivencia o la genética. Bendita humanidad llena de maravillas escondidas.

Aunque mis manos estaban ávidas de relatar desde el más ridículo de los detalles hasta la más sórdida de mis experiencias, me ha sido imposible. Fue como traer una cubeta llena de agua... es difícil de cargar, está desbordándose, no se puede caminar fácilmente con ella, te empapas los pies y salpicas charcos de gotas caóticas sin motivo ni propósito. Creí entonces que iba a exponer puras ideas inconexas y carentes de sentido. "Pero así es como escribes casi siempre desde las vísceras y a lo loco" me dije a mí misma. Fueron demasiadas las cosas que viví y pensé durante los días que pasé lejos de mi país, demasiados los hechos que me aturden desde que estoy aquí y necesitaba tener esa cubeta más vacía. Apenas estoy aterrizando todo eso, intentando darle un sentido a esta rabia e inconformidad. Aterrizar es al fin, descender después de observar a la distancia, meditar después de la crisis, llegar a las conclusiones del contacto con una realidad que siempre había estado ahí y no había querido contemplar. Aterrizar es regresar con los aires del cambio.

2 comentarios:

dèbora hadaza dijo...

tenía muchas ganas de saber más de tu viaje, pero entiendo perfecto lo que dices, a veces no se puede decir nada por exceso de experiencias.

También siento esa decepción de la raza humana, sobre todo en estos días que uno de los humanos más geniales que pude conocer, el violista Omar Hernandez-Hidalgo, fue asesinado de muy estúpida y cruel manera.

Te mando un abrazo y que el aterrizaje no te sea muy forzoso

Srita. Melancolía dijo...

Sobre la raza humana, no me quedó más que recordar las Crónicas de Narnia jajaja, hay una frase muy linda que me parece que viene en el libro del Príncipe Caspián, en donde supongo que Aslan le dice algo así como que "eres humano, y nadie podría sentirse más orgulloso y más avergonzado de su especie" (algo así le dice eh, hace añísimos que no lo leo)
Y sobre el viaje y los descubrimientos (más personales que geográficos, supongo) la metáfora de la cubeta me pareció rebuena. Pero aguas, que si no capturas eso (en tu diario, en tu blog, en las pláticas o monólogos o noches de insomnio) lo cierto es que luego también termina evaporándose. Hay un montón de cosas que uno dice "ah, necesito tiempo, después con calma desenmaraño lo que siento". Y cuando tienes tiempo y calma... los nudos ya no son igual de interesantes.
En fin, bueno tenerla de regreso. Saludos!