domingo, 1 de noviembre de 2009

La vida después de la muerte

Peco de solemnidad muchas veces. Lo que para muchos puede ser una celebración insensata y pasada de moda (¡mejor-vamos-a-un-halloween!), para mí acarrea introspecciones y diálogos internos donde participan varios interlocutores. Intento platicar con ellos: con "Los que ya no están".

Y me gusta recordarlos, buscar sus fotos, pensar que les gustaba, hacerles un espacio en medio de la casa, justo como si estuvieran de visita y los sentara en la sala. El mezcal de mi abuelo, los cigarros de mi tía-abuela, la cervezas de mi tío y tía.

Y es mi abuelo, la ausencia más reciente.

En el pueblo de mis padres (como en muchos) se acostumbra llamarles "ofrendas nuevas" -lógico- , cuando es la primera vez que alguien es protagonista de una. Los amigos de la familia tejen y bordan servilletas con santos y motivos religiosos, se usan ésas para adornar en lugar del papel picado. También se elabora un acróstico con el nombre del muerto nuevo. Mi abuela me pidió que escribiera el de Hermilo. Como podrán darse cuenta, no soy precisamente una persona de letras, pero hice lo posible por componer algo que le hubiera arrancado una carcajada al viejo. He estado pensando en él casi todos los días. Hasta mi madre dice que al escucharme hablar, diciendo "disparates" constantemente, siente que oye a su padre, que soy igual de sociable y dicharachera que él. Yo misma me doy cuenta que hay aspectos de mi carácter que comienzan parecerse mucho al suyo. Cumplí un año un mes sin verlo ya.

Mi papá elabora año con año una caja blanca perforada con la forma de una cruz a la que le mete un foco y coloca en la parte superior de la ofrenda. La forma en que mi mamá va acomodando las cosas y el número de veladoras que ponemos tiene significados. Sus hermanos y su padre ocupan el lugar privilegiado en nuestro altar. Desde niña me gustaba verla acalorada llegando del mercado de Jamaica con ramos y ramos de flores, velas, bolsas con calaveras, incienso -oh, el sutil aroma del incienso que inundaba la casa-. Ella me contó una leyenda de "el ánima sola", aquella alma que no tiene quien le ponga una ofrenda y por lo tanto se pone un luz "extra" en la ofrenda dedicada a ella. Desde entonces me da tristeza la facilidad con que muchos muertos son olvidados. Varios años hemos ido al panteón francés a visitar la semi-abandonada tumba de la tía abuela Basave. Aproximadamente el 70% de las lápidas están sin flores en pleno día de muertos. Es tristísimo. También resulta escalofriante ver los monumentos de los sepulcros de niños. Son angelitos descuidados y avejentados que se ven tétricos. La mayoría son de principios de siglo pasado, es fácil darse cuenta que casi todos esos niños y bebés murieron por nacer en un tiempo sin vacunas ni penicilina.

El día de muertos es la celebración de la nostalgia, del apego y de la terquedad. Yo no lo veo como un evento puramente jocoso donde los mexicanos nos burlamos de la muerte, lo percibo más como la noche donde le decimos: no nos podrás separar nunca, mientras yo viva no lograrás que los olvidemos.

He fantaseado con mi propia ofrenda. Cómo no hacerlo si ha estado tres veces cerca de materializarse. Quiero que sea majestuosa. Quiero sendas garnachas y salsas en mi altar. Cigarros, tequila, mole. Quiero que pongan mi mejor foto y de fondo mi música preferida. Es la cúspide del egocentrismo: yo no quiero que me olviden cuando haya muerto

Y lo que más quisiera, más, es poder verlo. Eso último es el mayor anhelo que tengo en la vida. ¡Ja!.

9 comentarios:

Mujer Maravilla a la Mexicana GG dijo...

Hola semi - extraña:

Me conmovió mucho tu relato porque me trae muchos recuerdos de mi padre, no está muerto pero ya no es parte de mi vida. Él me inculcó muchas cosas, en particular todo lo que tiene que ver con mis raíces prehispánicas. El altar era una cosa de él, pero me gustaba que en mi casa todos los primeros día de noviembre hubiera altar. Nunca hablábamos de los muertos, yo nunca he tenido un muerto al cual rendirle ese homenaje. Cuando hablas del mercado de Jamaica, me da cierta nostalgia, él platicaba que junto con mi tía atendía un local de abarrotes en ese mercado.

En fin, me provocó mucha nostalgia tu post.

Me alegra que vuelvas a las andadas de andar posteando.

Abrazo.

nimbemon dijo...

Gran post. Vaya que hace reflexionar. Mi padre es español y mi madre mexicana. Antes de que a ella le diagnosticaran Alzheimer, cada año ponía su ofrenda. Ahora como mi madre no sabe ni en que día vive, ya no hay quien ponga la ofrenda (porque mi padre, a pesar de tener más de 40 años en México, se niega a hacerlo). Este año me hubiera gustado ponerla yo, para los cuatro abuelos que nunca conocí. No lo hice. Ay, ya me entró la culpa...
un saludo, n.

Enrico dijo...

Yo quiero que mi ofrenda tenga las novedades Canon, mota y mezcal. Hermoso post, un abrazo querida.

Michel Hernandez Villanueva dijo...

"...no nos podrás separar nunca, mientras yo viva no lograrás que los olvidemos."
Que frase tan maravillosa. Me tomo la libertad de escribirla al reverso de una fotografia.
Gracias :D

Nuria dijo...

Muy lindo!! Tal vez tu propia ofrenda sea la que en el día a día construyes así que no hace falta fantasear con ella.. los cigarros, el mole y las salsas que hoy disfrutas y con los que garantizas que por lo menos tú misma, no te olvides.

Guapólog@ dijo...

La descripción de que la fecha es "celebración de la nostalgia, del apego y de la terquedad." me parece de lo más adecuado y claro.

Me encantaría leer tu acróstico, seguramente hiciste feliz a más de un alma ;)

Saludos,

Simone

Soofiis ii Qaamiih dijo...

Hermoso blog! Sigue asi! Llegaras muy lejos!!!
Visita la nuestra y comenta como nosotros hemos hecho contigo!!!

adios!

http://twilightforever-rk.blogspot.com

Anónimo dijo...

buen relato, con escritura comun, y antinostalgcio, pero aceptable

Feo T. dijo...

Me encanta la visión que tienes de "la vida después de la muerte", la forma de recordar y mantener vivas las tradiciones y, especialmente, la forma de celebrar y recordar a la gente que una vez estuvo cerca de ti y de tu familia.

No veo como pudieramos, ni en cien, ni en docientos años, olvidarnos de tí; no me cabe la menor duda que siempre habrá, por muchos, muchos años por venir, alguien quien te recuerde y celebre.



¡Sonríe!